miércoles, 24 de junio de 2015

Las intermitencias de la mente



–¿Ustedes vieron El juego de Ender? –dije, y se cortó la luz.

(...el abismo te devuelve la mirada...)

Inmediata lamentación de los presentes. Veracruz, Immanuel, Andrómeda. Se mueven a través de la oscuridad como moscas.

(...moscas en la casa...)

–¿Querés usar el teléfono? –me preguntó Veracruz. Al principio, me resistí al ofrecimiento. Intenté utilizar mi celular. No había señal. Cedí a su gentileza.

(...ring, ring, ring... Pizzería, buenas noches...)

Roland, de pie en la habitación, Andrómeda tragada por las sombras de la noche. La noche boca arriba, la noche desencajada por la partida de Perséfone, la noche triste.

(...¿Leyeron ‘La noche boca arriba’, de Cortázar? Es un texto...)

Una noche donde algunos pedacitos de recuerdos flotan en un balde lleno de sangre. Mi corazón (...entona una canción...), de pronto, se torna melancólico, como (...el trozo de pergamino, me dispuse a arrugarlo y tirarlo al fuego) alguien que recuerda en un bar a un amor no correspondido y no puede contárselo a nadie, ni siquiera al...

Aparece el señor Torreblanca, el patriarca de la casa. Antes o después, aparece Pax. Mi memoria («Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras.») falla: mi mente no quiere reconstruir los castillos que ya derrumbó.

¿Por qué, Mamá, se tuvo que cortar la luz ahora? ¿Por qué será que tengo tantas ganas de llorar? ¿Por qué hablo con vos acerca de tantas cosas que callé? ¿Por qué elegí esta noche?

Veracruz ceba mate. Escena nocturna: Pax y Andrómeda, sentados juntos; Roland, en un sillón anaranjado; el señor Torreblanca e Immanuel, por allá. Se desanuda una conversación. Hablan de caza, de pesca, de colectivos, de Lobos, de Navarro, del Chaco. Pero no. No en este orden. Estoy lejos. Estoy feliz.

...Julián no está hablando... –observa Andrómeda, risueña, atenta. Su carita blanca (“Tú me quieres blanca”, ¿entendés el significado de ese poema, Julián?) se recorta alegremente contra la oscuridad. Pero no. No son esas palabras las que dijo. Estoy seguro. Las palabras (...se las lleva el viento...) se me escapan, como agua entre las manos (...eso me llena de...), no las puedo recuperar.

–No... Yo... –contestó, un poco tímido– Prefiero escuchar.

No, acá no me derrumbo, porque estoy contentísimo, porque siento la calidez de un hogar que me recibe como amigo, porque no hay puñales que me borren la sonrisa de la boca, porque vuelvo a sentir confianza en otros seres humanos. Me derrumbo en casa, cuando no hay electricidad que haga rodar la bicicleta fija del televisor. Me derrumbo allí, en la mesa del comedor, hablando con Mamá, contándole lo que me pasa. Bajo la guardia, suelto el ovillo de lana, le cuento secretos y secretitos de mí, de nadie más, le digo lo que siento, le digo que estoy viviendo el mejor momento de mi vida, le digo que las cosas eran muy diferentes cuando los Distintos no estaban, cuando nadie quería leer mi literatura, cuando nadie quería escuchar mis opiniones marginales...

Quiero llorar, pero las lágrimas no me salen. ¿Hace cuánto que no lloro? Mamá, ¿te acordás cuando esos nenes me quitaron el celular? Mamá, ¿te acordás cuando quise jugar a la pelota con los otros, y me cargaban, y se me enganchó la remera en una de las espinas del alambre de púas...? Mamá, ¿te acordás cuando los pibes me arrinconaron en esa especie de concierto por el cual pagué quince pesos la entrada y me tuve que ir? Lloré, lloré como nunca. Mamá, vos sabés que me quería matar, que me quería rajar la garganta. Mamá, a veces, ese nene que alguna vez fui quiere volver, y no puede. Soy feliz, Mamá, y vos ves mi felicidad, la felicidad de saber que por fin puedo ser yo mismo. Ahora puedo enamorarme, ver películas y escribir poesías sin ninguna culpa.

(...yyyyy... tu hermano sufrió bullying... bullying crist...)

Mamá, yo también soy Distinto.

(...el tigre que se muerde la cola...)

Y Mamá pregunta cómo te fue, Julián, y yo le digo, bien, genial, vamos a transmitir mañana el programa de radio, en la casa de Veracruz, y si se corta la luz, eso estaba hablando con los chicos, prevenir, ser cautelosos. Y no sé bajo qué imperios de azares la conversación se desvía hacia el ojo de la tormenta que oculto dentro de mi pecho. Y mi hermano me escucha, me da una palmada en el hombro, que el agua no se junte con la porquería, me dice, y Mono Blanco me habla en códigos, a través de gestos y espejos, sí, Julián, yo sé que no fue tu culpa, lo que te hicieron y nos hicieron, intentaste defendernos, che, gracias, pero ahora yo soy el que te banco, háganlo, hagan la revolución.

(...si metés la mano en la jaula del tigre...)

Ha sido una noche maravillosa. Y, justamente, de tan maravillosa, de tan cotidiana, de tan simple que fue, me conmovió. No sé qué tienen los Distintos, los dejé entrar demasiado a mi corazón, dale, Luna Roja, sé que me leés, y que vos también estás ahí, vos también me tocaste el alma, vos también, Mono Blanco, vos también, Estrella Negra.

(...yo quería matarme... miraba el ventilador y pensaba... con quién voy a dejar a mis hijos...)

Mamá, soy feliz. Tengo veintiún años, soy escritor y creo en Dios.

El tigre está manso esta noche. No voy a sacarlo de la jaula. Lo necesito, pero no ahora. Lo necesito para escribir y para decir la verdad. Lo necesito para amar y para creer. Lo necesito para soportar la traición y defender la amistad.

¿Será por eso que no lloro esta noche? Porque no he visto en toda mi vida a un tigre llorar. Esta noche soy un tigre. Soy un tigre que ríe.

Es tiempo de irse. Chau, Andrómeda, ¿te veré mañana? Ah, claro, vivís acá. ¡Ves qué despistado que soy! Uh, gracias, Pax, por traerme hasta casa. Lamento mucho las molestias. Gracias, señor Torreblanca, por su hospitalidad. Me voy. Chau, chau. Adiós. Gracias.

Me pregunto si seré capaz de describir todo lo que he sentido esta noche. ¿Por dónde comenzar mi historia? ¿Cómo conectar el presente con el pasado? Ah, ya sé. Comienzo a escribir por acá, el momento cuando se cortó la luz, y dije:

–¿Ustedes vieron El juego de Ender?


“Digo, ¿qué sucede contigo?
¿Qué te hizo lo que eres?
¿Una novia muerta por la mafia, tal vez?
¿Un hermano atacado por algún atracador?
Algo así me pasó, sabes. No... no estoy exactamente seguro que fue.
A veces lo recuerdo de una forma, otras veces de otra...
¡Si voy a tener un pasado, prefiero que sea de múltiples opciones!
¡Ja ja ja!”

–El Guasón.
Alan Moore, La broma asesina.

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