lunes, 19 de octubre de 2015

¿Cómo leer 'Opiniones marginales'?



No se me ha ocurrido, en todo este tiempo que he estado escribiendo, instruir al lector acerca de cómo leer Opiniones marginales. Principalmente, porque rompe con todas las expectativas acerca de lo que se espera leer en un blog. En este espacio virtual se entremezclan reflexiones, descripciones, anécdotas, recuerdos, crítica literaria, frases, citas, poemas en prosa e incluso pequeños relatos de ficción.

Entonces, ¿de qué habla Opiniones marginales?

¿De mí?

Sí y no.

Escribir es escribirse. Escribir es dibujar un estilo y definirse como autor. Mi estilo es un estilo cambiante. Enreda lo académico, lo poético, lo humorístico, lo literario, lo satírico, lo serio y lo banal. En algún punto, mi estilo es cambiante porque yo lo soy. Mi escritura no se termina de definir porque yo no termino de definirme. Definirse es escribirse etiquetas. Yo no puedo etiquetarme ni etiquetar mis obras. Lo que mis ojos en el espejo ven es lo que yo creo que soy. Y lo que yo creo que soy es casi siempre falso.

La imagen que tengo de mí mismo está constantemente sujeta al peso de mis sentimientos y pensamientos. No puedo ser objetivo conmigo mismo. Un día me siento la peor basura del mundo y al otro día me siento el rey de la colina de los sueños. Siempre que puedo evito escribir lo que siento. Porque las pasiones humanas son engañosas. Lo que no significa que en más de una ocasión haya caído en la trampa de las emociones fáciles para publicar en ‘arrebatos de inspiración’ metáforas sofisticadas y alegorías melancólicas.

Opiniones marginales es un bricolaje. Un collage, una constelación, una rayuela, un rizoma, un rompecabezas, un caleidoscopio, un vitral, un panóptico, un aguacero, un laberinto. Habla de todo sin decir nada. Habla de mí sin hablar de mí. No hay una continuidad entre un texto y otro. No hay una línea de tiempo. Un día escribo sobre la justicia, al día siguiente escribo sobre mis amigos, y a mitad de semana hablo sobre literatura. Nada tiene que ver con nada, todo tiene que ver con todo.

En última instancia, Opiniones marginales es inclasificable, indefinible, impresentable. Al igual que su autor. Y, sin embargo, estos textos han encontrado su propio público. Una comunidad de lectores que entienden las reglas del juego y que leen a conciencia este bricolaje.

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