viernes, 13 de noviembre de 2015

Dollar Bill: la muerte de un sueño (norte)americano




Dollar Bill, el superhéroe que murió disparado por unos delincuentes cuando su capa quedó atorada en la puerta giratoria de un banco que acababan de asaltar. Antes de seguir con la reseña de una de las historias de Before Watchmen, regresemos al origen de todo. En 1986, Alan Moore y Dave Gibbons arrojan al mundo la historia de superhéroes más ambiciosa de todos los tiempos: Watchmen. Una historia que va más allá de las capas de colores y los poderes extraordinarios para sumergirnos en la profunda complejidad de un universo atravesado por la Guerra Fría, el desarrollo de las armas nucleares, el miedo a la Tercera Guerra Mundial, la decadencia moral de la sociedad norteamericana en unos hipotéticos años ‘80. En un mundo al borde de la destrucción, ¿qué pueden hacer los superhéroes?

Todo lector de Watchmen sabe que en la trama hubo dos generaciones de superhéroes: los Minutemen, la primera generación, que se consolidó durante la Segunda Guerra Mundial e incluía al primer Búho Nocturno, Espectro de Seda, Justicia Enmascarada, el Comediante, el Capitán Metrópolis, Silueta, Polilla y Dollar Bill. La segunda generación (el Comediante, Ozymandias, Rorschach, el segundo Búho Nocturno, la segunda Espectro de Seda y el Dr. Manhattan) se deshizo tras la aprobación del Acta de Keene en 1977, que prohibía la existencia de los superhéroes.

Before Watchmen fue una serie de spin-offs lanzada por DC Comics en el 2012 que intentaba explorar a los inolvidables personajes de Moore en historias alternativas o anteriores a la trama central. La ausencia de la pluma de Moore tras las riendas de esta loca carreta editorial se nota bastante. Pero vale la pena echarle un vistazo a la historia de Dollar Bill. Aunque en Watchmen apenas se lo menciona, a mí me pareció que un héroe que murió de la manera más tonta posible merecía un buen desarrollo. El guión de Len Wein logra hacer esto, en complicidad con la mano dibujante de Steve Rude.

William Benjamin Brady, una promesa del fútbol americano, nacido en Nebraska el 4 de julio de 1917, ve sus sueños truncados al sufrir una lesión después de un partido contra los Horned Froggs en 1938. Con pésimos promedios académicos y un futuro en el deporte arruinado, Brady tiene que buscar cómo ganarse el pan y la encuentra... Trabajando como superhéroe para el Banco Nacional.

A partir de este punto, el guión de Wein coquetea con la sátira y la parodia para mostrarnos que en realidad ser un superhéroe no tiene nada de heroico, sino que todo lo contrario: es la salida desesperada de un hombre que busca empleo y no lo encuentra. Si una empresa te paga miles de dólares por usar unos calzoncillos rojos y una capa ridícula, ¿no lo harías?

La historia de Dollar Bill es la historia de un hombre que intenta ser serio en un mundo que no lo es. Castings de tipos disfrazados, publicidad engañosa, sueños rotos, sonrisas en público, modas y dinero. Tal vez esta historia no reproduzca la esencia que Moore supo depositar en el gran relato que fue Watchmen, pero Wein aprovecha esta oportunidad para salpicar unas gotas de acidez a lo largo de cada página.

Y es que para ser un superhéroe, lo único que necesita un hombre es “venderse” como tal. La fetichización del heroísmo. El héroe como mercancía. Algo que se vislumbra en la figura de Ozymandias en Watchmen: un justiciero retirado que ha amasado su fortuna a base de una herencia familiar, una inteligencia descomunal, desarrollos tecnológicos y merchandising autorrefencial. Si tenés la suerte de pertenecer a una familia adinerada y ser el hombre más inteligente de todo el planeta... ¡bingo!

Dollar Bill, a pesar del color dorado que parece impregnar casi cada viñeta en sus diferentes tonalidades, parece ser una historia de humor negro. Una historia que nos invita a reír a pesar del desempleo, las crisis económicas, las frustraciones de un corazón que quiere ser alguien, la hipocresía de las figuras públicas y la influencia del mercado y los medios de comunicación sobre una “justicia” que parece cada vez más artificial y mediática a medida que el tiempo avanza.

Pero... ¡oigan! No sientan pena por Dollar Bill. Porque este spin-off le supo dar el más digno de los finales. Léanlo si no me creen. Las últimas páginas valen la pena.

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