jueves, 12 de noviembre de 2015

Jared Sphinx y el enigma del pistolero



En el cuarto libro de La Torre Oscura, el protagonista de la historia desafía a un monorriel con inteligencia artificial a un juego de adivinanzas. El cerebro positrónico del antagonista parece ser implacable a la hora de los acertijos. Yo me apropié de uno de los enigmas del pistolero y lo compartí con algunos amigos.

Immanuel –que es uno de los Distintos, les recuerdo– comprendió la inicial dificultad de la adivinanza y la envió por mensaje de texto a un buen hombre con el que había hablado días atrás. Aquel pregonaba en algunos confines del Oeste su imposibilidad para hallar un acertijo digno de su ingenio. Yo, vengativo, le robé la adivinanza a Stephen King, la susurré entre mis confidentes –Roland, otro Distinto, demoró unos minutos en cortar ese nudo gordiano de palabras rimadas– y comprobé con cierta perplejidad que sus mentes demoraban más tiempo del necesario en hallar la respuesta.

–¿Jared Sphinx respondió? –pregunté a Immanuel.

–No, todavía no.

Una sonrisa de autocomplacencia. Hace unas horas, Immanuel me envía un nuevo mensaje. El señor Sphinx había dado por fin con la respuesta. La sonrisa desapareció.

¿Cómo pudo hacerlo? ¿Cómo pudo resolver Jared Sphinx el enigma del pistolero? Que se jacte de su mente brillante. No hay más misterios en mi libro de adivinanzas.

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