lunes, 2 de noviembre de 2015

Sol: el deleite de la reseña en “Solo déjate llevar”


Me cuesta mucho
hacer esta entrada
porque tengo miedo
de lo que puedan pensar
de mí,
siento que la gente
no va a estar de acuerdo...

pero si necesito opinar lo haré.



La frase inicial parece ser el preámbulo a un artículo débil. Pero los párrafos que le siguen a Quizá leamos por moda... no flaquean en ningún punto. La autora del blog Sólo déjate llevar sintetiza en pocas palabras una de las problemáticas más trascendentales de la literatura contemporánea. Su miedo es el temor del polemista que no quiere ser polemista. Sol es bloguera: ella está en la primera fila de lectores que se dedican a la ardua tarea de reseñar producciones textuales recientes. Tiene toda la autoridad en su experiencia como crítica literaria –porque, creo yo, la reseña no es necesariamente menor a la crítica literaria profesional– para empujar esta polémica hacia el centro de la mesa.

Sol no ha advertido –y si lo ha advertido, confío que no lo ha hecho con engreimiento– que su artículo es una punta de lanza que ilumina los valles de silencio en el reino digital. Estos párrafos (breves, concisos, contundentes pero cuidadosamente escritos) me han convencido de seguir y de inquirir en las pretéritas publicaciones de Sólo déjate llevar.

La crítica a La campana de cristal no es demasiado lapidaria, pero es justa. El mundo no siempre está preparado para la narrativa de Sylvia Plath. Estoy en desacuerdo con la excelente crítica que ha recibido Las ventajas de ser invisible; esta incompatibilidad no resta calidad a las reseñas de la autora. Es el rigor de mis predilecciones, el latido de mis prejuicios, el que me obliga a detener varias veces la lectura.

La reseña de La Huésped me ha parecido bastante convincente. El comentario a Ladrona de libros, sumamente convincente. El estilo de Sol es sencillo, impregnado de colores sepias y pasteles. El signo de sus evaluaciones es el muffin, el pastelillo: el producto que no sólo debe ser exquisito al paladar del lector sino que también tiene que tener una presentación digna de todo manjar. Acceder a Sólo déjate llevar es como entrar a un restaurante boreal de los años ’60 para pedir una ronda de leches malteadas. Raras veces utilizo estas imágenes retóricas, pero el diseño de este blog, más que transmitir impresiones, transporta a los visitantes a un tendero cómodo donde las reseñas cobran la forma de un bizcochuelo recién horneado.

En un rincón oculto de la página hay una sección destinada a la producción literaria de la autora. De esta antología me han cautivado, particularmente, tres poemas. Necesitar, Destino y Cigarrillo hecho cenizas. Algún día les destinaré un análisis digno de su humilde grandeza.

Lo que más me ha atraído de todo este despliegue de reseñas, comentarios y opiniones han sido dos artículos que destacan por su sinceridad y su simplicidad: Quizá leamos por moda... (al que hago referencia al comienzo de esta entrada) y ¡Feliz día del escritor!

La autora de Sólo déjate llevar es fiel a su propio título: se deja arrastrar por las corrientes de la literatura y por las olas de su propia sensibilidad. Sensibilidad latente en sus poemas, en sus vastos relatos, e incluso en las reseñas que con palpable ternura escribe. No es una niña que teme decir la mala palabra de la moda ante la policía del pensamiento. Es esa mujer que acaricia la portada del libro en una librería mientras balbucea con los ojos: “Quiero llevarte”.

Si esta opinión marginal es una exitosa reivindicación de lo que ha hecho esta bloguera durante tres años, lo ignoro. Por lo demás, que los lectores lo busquen, lo escruten y lo juzguen. He aquí mi benévolo veredicto.






Blog: http://solodejatellevar-juvenil.blogspot.com.ar/

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