miércoles, 30 de marzo de 2016

Cómo acercarse a Borges y no morir en el intento





La obra de Jorge Luis Borges es una paradoja que no se puede esquivar. No ha escrito una sola novela en toda su trayectoria literaria; sin embargo, sus relatos presentan una minuciosa complejidad que excede a la de las novelas de nuestra época. Esta afirmación es, evidentemente, una mera exageración. Cada escritor es un laberinto.

En un principio, omití la escritura de este artículo para no parecer ampuloso o petulante. Cuando uno habla de Borges, lo pondera como uno de los grandes escritores de la historia argentina. El problema es que en el auge del imperio de cristal líquido, cuando la comunicación está cimentada en la inmediatez y simplificación del lenguaje, los cuentos borgeanos se deslizan a un costado de nuestra pantalla. No importa cuántas buenas intenciones tengamos, Borges es un relojero, un fabricante de telarañas; y uno, dentro de sus ruinas circulares, se desorienta.

A los catorce años, el azar me hizo llegar un tomo de Artificios, la segunda parte de Ficciones. Allí dejé de creer en el azar: a pesar de las palabras ininteligibles y la sombra de las bibliografías apócrifas, llegué a sentirme identificado con los personajes de estas historias. Muchos de los protagonistas de los relatos de Borges son hombres cultos, buscadores de la verdad, bibliotecarios melancólicos, letrados silenciosos, teólogos insaciables, arquitectos del saber.


Una de las claves para entender los relatos de Borges es prestar atención a los temas recurrentes de su producción: el tiempo, la memoria, el olvido, la historia, la literatura, los libros, el conocimiento, el saber, el azar, el destino, el otro, los laberintos, los espejos, los sueños, los patios, los zaguanes.

Funes, el memorioso narra la historia de un hombre que puede recordarlo todo; o, por antítesis, un hombre incapaz de olvidar. Esta habilidad casi sobrehumana, fruto de un accidente que deja tullido a Funes, aísla cada vez más al personaje, recluyéndolo en un mundo donde él puede evocar hasta el más mínimo detalle de un día vivido. Debido a su memoria extraordinaria, él es capaz de aprender cualquier idioma sin dificultad, porque lo aprendido no puede borrársele de la cabeza; sin embargo, al no poder establecer comunicación con el otro, su vasto conocimiento se vuelve inútil en su ostracismo. Entonces, fíjense que cada relato presenta un tema o una característica que Borges repite una y otra vez en diferentes textos. Esto nos proporciona una ventaja: clasificar y leer los cuentos por temas. E imponernos un orden de lectura.


El segundo aspecto a tener en cuenta en la narrativa de Borges es el vocabulario. A simple vista, el que no está familiarizado con el léxico del autor piensa: “Nadie en su condenada vida puede utilizar palabras que sólo pronunciaría mi bisabuelo”. Intrínseco, imbricado, inextricable, elucubración, exultación, discurrir, minucioso, abstracción, impugnar, denostar, heresiarca, pretérito, réplica, trémulo.
En este caso no hay mejor antídoto que un buen diccionario.


El tercer elemento va de la mano con el punto anterior y es la serie de estrategias gramaticales de las oraciones borgeanas.

Por ejemplo, el uso de las negaciones.


“Del cupé bajaron dos arlequines; eran de reducida estatura y nadie pudo no observar que estaban muy borrachos.”

Fragmento de La muerte y la brújula


¿No era más fácil escribir todos pudieron observar que estaban borrachos?

Luego, están las enumeraciones, las frases entre paréntesis, la repetición de un mismo verbo a lo largo de una oración larguísima, el uso del punto y coma, el abuso de términos como “creo” y “casi” (Creo advertir la influencia de Hitler en aquel gesto desmesuradamente brusco, casi obsceno), y mi favorito personal: el “quiso”.


“Funes no me entendió o no quiso entenderme.”


El cuarto punto, el más complicado, el que nos aterra a todos o casi todos, es el de las referencias culturales. De un tipo muy introspectivo al que le hicieron bullying en su infancia por saber hablar inglés salió un escritor que salpicó sus más famosas obras con referencias a la filosofía, a la literatura, a la historia, etc. Cuando empecé a leer Borges, pasaba por alto lo que no entendía, me metía en Wikipedia, buscaba el nombre de Fulano de Tal y luego volvía a leer el relato.

Seguimos con Funes, el memorioso:


“Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero...”


Esta es una referencia a Jonathan Swift y Los viajes de Gulliver, donde sí aparece la tierra de Lilliput. Cuando algo así se entrecruza en el sendero de la lectura, no te desesperes. Es Borges, que quiere presumir algo de su erudición. Lo mismo cuando escribe:


“Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres, «un Zarathustra cimarrón y vernáculo»...”


Traducción: Pedrito dijo que Funes fue como uno de los superhombres de los que hablaba Nietzsche. Nota al pie: Friedrich Nietzsche escribió un libro titulado Así habló Zarathustra, donde expone su filosofía acerca del übermensch. El problema es que mientras te ponés a pensar quién rábanos fue Zarathustra se te van las ganas de leer el relato. Por esto, mi sugerencia personal es: “No te detengas; buscalo después”.


Acá tenemos las cuatro patas de la mesa para poner el libro de Borges con el que tanto renegamos: tema, vocabulario, estilo y referencias culturales. Pero, como diría Descartes, éste no es EL método, sino UN método, MI método para leer Borges.

En Nominaciones: Best Blog dije que Jorge Luis Borges era mi escritor favorito. La pregunta que espero que me hagan es: “¿Qué me recomendás de él?”

En un principio improvisé una lista con doce relatos que es muy probable que no lean, de modo que voy a reducir la cantidad a tres cuentos: Emma Zunz, La casa de Asterión y El Sur. Emma Zunz es una historia de venganza, muy atípico de Borges y sin artificios excesivos, de modo que muchos sin duda la disfrutarán. La casa de Asterión tampoco requiere diccionarios para su entretenimiento.

El Sur, acaso su mejor cuento, narra la historia de Juan Dahlmann, un bibliotecario que sobrevive a una infección de septicemia y tras su convalecencia realiza un viaje al Sur que cambiará para siempre su destino.

Les recomiendo que crucen estas tres puertas para introducirse luego al Jardín de los senderos que se bifurcan, La forma de la espada y La muerte y la brújula, textos de dificultad media donde la acción de los personajes se mezcla con el ejercicio intelectual y los juegos de sombras. Y luego, si paladean con éxito el sabor a gloria de los cuentos, pueden hacer un mapa con sus propias lecturas... O tirarlo a la basura.

Borges es un escritor complicado que escribió en un país complicado en tiempos complicados de una forma complicada. Es complicado recomendar El libro de arena o El Aleph y no recibir una mirada de: “¿Qué es esto que me diste? Me siento un tonto, no entendí nada.”

El problema es que con autores como Borges alguien te tiene que explicar el chiste antes de contártelo. Si no, no tiene ninguna gracia.

Reducir la escritura a mero ejercicio intelectual es encajonar el arte en el olvido. ¿Cómo puede correr la letra en la sangre joven si encapsulamos la mariposa de arte en explicaciones académicas? Tal vez en la sola actitud de Borges en su biografía hallamos la clave para entender de un vistazo toda su producción: entregar la vida, hasta los ojos, por la literatura.

Cuando te sentís identificado con el oficio del escritor, entonces, no necesitás marcar ninguno de los cuatro puntos mencionados para comprender las palabras del otro.

Porque leer no es sólo leer. Leer es vivir la literatura. Algo que Borges, pese a quien le pese, hizo hasta el último día de su vida.

lunes, 28 de marzo de 2016

Reseña: “Civil War”, de Mark Millar y Steve McNiven





Aunque los avances de Captain America: Civil War han sembrado una buena tonelada de expectativas en las futuras audiencias, no es necesario ser un fanático de Marvel Comics para entender que no se puede trasladar toda la complejidad argumental de la historia original a la pantalla grande. Los motivos son muchos. La autonomía del universo cinematográfico respecto al material primigenio de las viñetas es el factor principal. El Factor X, podría decirse. También es necesario destacar la cantidad de personajes que participan activamente en el drama propuesto por Mark Millar, un guionista que supo forjarse una reputación con océanos de sangre (Kick-Ass, Wanted, The Secret Service, Nemesis). El reparto coral de Civil War se ve drásticamente reducido en la película. Además, como acabo de afirmar, el filme se ajusta a la línea de acontecimientos de su propia continuidad. Todo esto para decir que leer CW no se acerca ni por un pelo de rana calva a ver CW. Esto no es como ir a ver una adaptación de cualquier otra obra literaria o gráfica. En general, la novela nos provee cierta cantidad de información preliminar que el largometraje repondrá más tarde. Y si bien los amantes de la lectura siempre han insistido en la existencia de una línea divisoria entre el libro y la película, en este caso las divergencias son más trascendentales. El filme posiciona la dicotomía Stark/Rogers como centro de la trama, mientras que en el guión de Millar el enfrentamiento es consecuencia de la misma.

Que a las multitudes les atraiga este espectáculo de la destrucción mutua asegurada en la figura de sus dioses de papel no constituye ningún fetiche nuevo. La pelea de pesos pesados que insinúa Batman vs. Superman, por ejemplo, ya la figuró Frank Miller. Y aún así, uno quiere seguir pagando por ver esta riña de gallos. ¿Por qué?

Porque esta no es una lucha entre superhéroes. Es la confrontación de dos puntos de vista diferentes.

En el caso de Civil War, la guerra que enfrenta a Iron Man con el Capitán América enredó a casi todo el Universo Marvel. Escribo desde la inexperiencia, de modo que si recibo críticas de los acólitos seguidores de este mundo stanleeniano, están justificadas. La intención de este proyecto colosal era reestructurar el sistema de relatos superheroicos vigentes hasta entonces. Reformular, contemporizar el discurso y a todos los personajes encerrados en él. El resultado fue un mundo demasiado dividido que nos obligaba a elegir entre “buenos” y “buenos”. Lo que me lleva a inspeccionar las vísceras de un mecanismo de relojería descomunal como es este arco argumental que tuvo su resonancia tanto dentro como fuera del ámbito de la industria comiquera.

Unos superhéroes adolescentes persiguen a un grupo de supervillanos en Connecticut como parte de su propio programa de televisión. Pero algo sale mal. Muy mal. Y mueren más de seiscientas personas. Esta tragedia impulsa al gobierno a tomar una serie de medidas para regularizar la actividad de los encapuchados.

Reed Richards, Tony Stark y Henry Pym (el Hombre Hormiga) son los primeros en apoyar la iniciativa. Pero hay algunos que se rehusan a aceptarla. Entre ellos, el Capitán América. Aquí se produce una grieta –¡qué (in)oportuno término!– entre enmascarados y enmascarados. ¿Quién ganará esta pulseada política? ¿Los que están a favor del registro o los que están en contra? ¡Hagan sus apuestas! ¿A quién eligen?

Ahora, las observaciones pertinentes.


Un punto que nos puede llegar a jugar en contra a la hora de la lectura es que para comprender bien la historia con todos los detalles es necesario tener ciertos conocimientos de antemano. Antes de leer Civil War uno tiene que recorrer otros arcos argumentales para entender, por ejemplo, por qué algunos personajes importantes brillan por su ausencia. Si sos un ignorante del Universo Marvel como yo, te vas a topar con unos cuántos héroes que te van a parecer irreconocibles a simple vista. Eso no te impide disfrutar de la lectura, pero, me hubiera gustado saber un poquito más acerca de Goliath o de Dagger o de Speedball antes de meterme en este embrollo.

Un aspecto central que hay que tener en cuenta en Civil War es la relación entre Tony Stark y Peter Parker. En los noticieros locales, cuando reproducían los avances en televisión, el tipo o la mina que se encargaban de la sección de entretenimientos decían: “Y aquí viene una gran sorpresa”. ¡El Hombre Araña! Luego, aparecían los que sí se habían tomado la molestia de leer el cómic y decían: “¿Ésta es la gran sorpresa?” A mí tampoco me sorprendió en el sentido de que no enloquecí como una fanática de Los Beatles gritando: “¡Ayyy, Spiderman!”




Como decía, el vínculo Parker/Stark es muy importante en el desarrollo de la historia; también hay que echarle un ojo a los Cuatro Fantásticos, la familia Ingalls del Universo Marvel que empieza a sufrir los daños colaterales que produce la iniciativa. Fíjense bien qué posición toma cada uno de los Cuatro en el transcurso de la trama.

En este conflicto de escala nacional, las diferentes posturas ideológicas destruyen toda clase de alianzas, amistades y familias. Algo parecido nos pasa a nosotros, los argentinos, cuando nos reunimos para comer un asadito con parientes macristas, kirchneristas e izquierdistas. Millar, en este sentido, decide correr riesgos y dota a la narración de un fuerte contenido político. Con un ilustrador a la altura de las circunstancias como Steve McNiven, en vez de ahuyentar lectores los atrae como moscas a la miel. Civil War exhibe todo el espectro de posibilidades de acción: los que creen fervientemente en la iniciativa, los que se oponen a ella sin disimulos, los que dudan, los que cambian de opinión, los que quieren protestar pero no se animan, los que permanecen o quieren permanecer al margen de este virtuoso bolonqui, y los que se rajan antes de que vaya de mal en peor. Acá no es un todos contra todos porque sí; cuando elegís un bando, tenés que pensarlo bien, porque las consecuencias pueden ser irreversibles.

El guión de Millar se alimenta con la sangre de una herida que sigue fresca en el corazón de millones de norteamericanos: los atentados terroristas del 11 de septiembre. La administración Bush, la lucha contra el terrorismo y la supremacía de la seguridad por encima de las libertades individuales del hombre es un tema que se palpa por debajo de la alfombra que el autor coloca minuciosamente a los pies del lector. Cuestionar al gobierno de los Estados Unidos te convierte en un antipatriota, pero, ¿y si el que alza su voz contra el Tío Sam no es otro sino el mismísimo Capi? Si al propio Rogers no le cierra las políticas de seguridad que se le proponen, por algo debe ser. Por otra parte, lo que proponen el Acta de Registro y más tarde denominada Iniciativa de los Cincuenta Estados es regularizar y organizar la actividad de los héroes a lo largo del país: proporcionarles entrenamiento, equipamiento, legitimidad estatal y apoyo táctico. No sólo para combatir el crimen sino para salvaguardar la vida de los civiles. Porque Civil War arranca con una explosión en la ciudad de Stamford provocada por Nitro. Okey, ponele, los Vengadores salvan el mundo de una invasión extraterrestre en Nueva York, pero, ¿qué me dicen de todas esas personas que estaban atrapadas en los edificios que se derrumbaron? ¿Quién se hace cargo de los destrozos, los heridos y los muertos? ¿Hasta qué punto un enmascarado debe utilizar sus habilidades sin perjudicar a quienes se supone que debe proteger? ¿A quién tengo que reclamar si Hulk decide utilizar mi Fiat para protegerse de un rayo calórico?

Iron Man aparece en la escena y trata de dialogar con la oposición. “Che, miren, murieron decenas de pibes en Connecticut, y las madres nos están reclamando la sangre de sus hijos; lo que estamos haciendo es para que esto no vuelva a ocurrir nunca más.”

Pero el Capitán América no se banca lo de revelar las identidades secretas. Y se va de S.H.I.E.L.D., con la cabeza bien puesta en los ideales que él defiende.




Esto es, a grandes rasgos, a gigantes e indignas pinceladas, la historia que está y que estará en boca de todos por mucho tiempo. Así que perdonen la ineptitud de mis palabras si hay algo que se me escapa de las manos.

Esta entrada la escribí pensando en todos aquellos que apenas están metiendo la cabeza en los mundos de Marvel y no tienen idea de quién es Namor, Wiccan, T’Challa o She-Hulk. Yo estoy en la misma esquina que la tuya, así que no te preocupes. Acá nadie te va a decapitar por no saber nada.

Una recomendación clandestina. Si necesitás una hoja de ruta o una brújula para explorar el laberinto de las historietas, How To Arsenio Lupin es una de las mejores opciones que la red te puede proporcionar. Desde órdenes de lectura hasta recomendaciones y reseñas, las herramientas que traen los chicos de HTAL te abren las puertas a un paraíso de relatos salvajes. El suyo es un trabajo continuo y a todo pulmón que merece ser reconocido.

Dicho esto, la principal virtud de Civil War es el equilibrio entre trama política y dosis de acción. Personajes presionados hasta un impensable punto crítico, sus propios valores morales acorralados entre la espada y la pared, entre la sociedad y el gobierno. Para una mayor comprensión de los acontecimientos y su trasfondo, es menester leer otros títulos a la par de este arco argumental. Si no tienen en cuenta esto, le reprocharemos al discurso algo que no tiene: agujeros.

¿Y vos? ¿De qué lado estás?


sábado, 26 de marzo de 2016

Nominación: Best Blog



Flavia, de El tintero y la pluma gótica, me ha nominado al Best Blog. Las reglas son las siguientes:



Contar 11 cosas sobre mí
Responder las 11 preguntas del blog que te nominó
Hacer 11 preguntas a los blogs que hayas nominado
Nominar a 11 blogs y avisarles con amor

¿Listos? Aquí va...



11 COSAS SOBRE MÍ

1
Tengo una pequeñísima cicatriz en el meñique izquierdo, producida tras haber intentado cortar un pedazo de pan con un cuchillo sin filo mientras miraba la televisión a los once años.

2
Una chica se reía de mí mientras leía El escarabajo de oro en voz alta durante una clase de literatura en primer grado del polimodal, lo que equivale a cuarto año de secundaria. Esta experiencia, entre otras tantas, lejos de desanimarme, reforzó mi deseo de compartir la literatura a-pesar-de-todo.

3
Odio el verano.

4
Me gusta la lluvia.

5
Curso la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

6
Soy diestro.

7
Creo en Dios.

8
No puedo matar arañas.

9
Mi color favorito es el azul.

10
Soy una persona un poquito despistada.

11
Soy un hobbit... Bueno, no literalmente. Mido 1,60 m.
Ni un centímetro más, ni un centímetro menos.



LAS 11 PREGUNTAS DE EL TINTERO Y LA PLUMA GÓTICA


1
¿Cuál fue el último libro que leíste?

Soy leyenda, de Richard Matheson



2
¿De qué signo zodiacal eres?
Escorpio

3
¿Harry Potter o Percy Jackson?
Harry Potter

4
¿Autor preferido?
Jorge Luis Borges

5
¿Prefieras libros físicos o e-books?
Libros físicos

6
¿Te gustan los animales?
De gustarme... gustarme... No.

7
¿En qué mundo, de todos los libros que tienes, te gustaría vivir?
En el mundo descrito por Philip Pullman en la trilogía de La materia oscura. Allí los seres humanos tienen daemonions, y si ustedes han visto La brújula dorada, entenderán a lo que me refiero.

8
¿Villano favorito?
Beatty, el bombero de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

9
¿Libro favorito?
Mientras escribo, de Stephen King.

10
¿Antes de elegir un libro, lees la sinopsis en la contratapa?
Sí. Casi siempre.

11
¿Cuál es tu género literario favorito?
Terror.


PREGUNTAS QUE LES HAGO A USTEDES


1. ¿Cuál fue el primer libro que has leído este año?
2. Si tuvieras un superpoder, ¿cuál sería?
3. ¿Cuál fue el peor libro que has leído en tu vida?
4. Si pudieras aparecer en una película, ¿en cuál sería?
5. ¿Con qué personaje secundario de la saga de Harry Potter te sentís identificado?
6. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste un chiste malo?
7. ¿Cuál fue la palabra más extraña que has escuchado en tu vida?
8. Si la raza humana colonizara un planeta, ¿cómo llamarías a dicho planeta?
9. Si pudieras arrojar un pastelazo a la cara de un actor/actriz de Hollywood o de Argentina, ¿a quién sería?
10. ¿Batman o Superman? ¡Quiero saber!
11. ¿Qué es lo que te hace más feliz?

***

Si te gustó esta consigna, podés hacerla en tu blog y nominar a quien vos quieras.

 ¡Gracias, Flavia, por la nominación! Y gracias a todos por leer. ¿Y vos? ¿Qué responderías?
Cada opinión, marginal o no, es un granito de arena en este lugar; contesto preguntas y devuelvo comentarios. ¡Gracias por leer!