viernes, 30 de septiembre de 2016

...when september ends: resumen del mes de septiembre



Me estoy acostumbrando al hábito de hacer resúmenes mensuales. Más que nada, para hacer un autoseguimiento de mi propio blog y organizarme un poquito con los contenidos de Opiniones Marginales. Tuve un mes bastante ajetreado, pero me las pude apañar para traerles dos o tres reseñas. Supongo que no lo estoy haciendo tan mal.


RESEÑAS


En septiembre reseñé La leyenda de Sleepy Hollow, de W. Irving; El hombre invisible de Wells y The Umbrella Academy, de G. Way y Gabriel Bá. ¡Todas hiper-recomendables! Además...


RELATOS

Tal vez muchos de los que siguen este blog ignoren que Opiniones Marginales comenzó siendo un sitio donde publicaba pequeñas anécdotas de la vida cotidiana. Como hace tiempo que no publico relatos aquí, decidí retomar un poco la escritura creativa con Dos. No es la pieza más significativa que he escrito, pero, algo vale. Si quieren ver otros cuentos e historias del blog, pueden hacer clic AQUÍ.



A todos los que están del otro lado de la pantalla:
¡Gracias por leer! ¡Gracias por comentar! ¡Gracias por estar!
Ustedes son el oxígeno de este blog que aún sigue respirando.

¡Nos leemos en octubre!

lunes, 26 de septiembre de 2016

Dos



«El 2, como el 4,
era un número sagrado...»

Márgara Averbach,
Los cuatro de Alera.



Mientras nosotros, los estudiantes, rendíamos el examen final de Gramática en el aula 236, unas figuras humanas vestidas de blanco contraían enlace matrimonial en el patio de la Facultad, bajo las ramas del pino de Puán. Alguien –no recuerdo el rostro– nos dijo lo que estaba sucediendo. Ninguno se movió de su sitio: estábamos ocupados, leyendo fichas y apuntes. Estábamos ocupados en determinar nuestra salvación y nuestra perdición.

Me saqué un dos. La noticia apenas me hirió. Llegué a la Facultad a las nueve de la mañana. Poco antes de las tres de la tarde, la profesora cuyo apellido daba nombre a la cátedra me hizo pasar. Vi en sus ojos que acababa de corregir uno de los peores exámenes que jamás había visto en toda su trayectoria docente. Tengo la mala costumbre de vanagloriarme de mis errores en los peores momentos posibles. La posibilidad de ser recordado, de ser inmortalizado, aunque sea como un estudiante ocioso y negligente, me emocionó.

Señaló todos mis errores. Me hizo una pregunta y no supe responderla. Aparentemente, ignoro los fundamentos básicos de la gramática. La señora de pelo corto y ojos sorprendidos me habló. Dijo que podía volver en diciembre o en marzo.

Salí del aula. Algunos me preguntaron cómo me fue. Me arrodillé en el suelo y les dije, con feliz impunidad:

–Me saqué un dos.

Ellos me miraron. No había lágrimas en mis ojos.

–Ayer me saqué un nueve en Literatura Norteamericana. Eso no me lo quita nadie –expliqué.

Me puse de pie. Les digo unas palabras más, una promesa de reencuentro –los caminos de Puán son misteriosos– y me despido.

Al día siguiente, en el primer piso de la Facultad, me vuelvo a encontrar con una de las chicas que rindió el final. Ella saca un paquete de tabaco y lo abre. Entonces, mientras revivimos durante unos minutos esas horas de tensión en el día de la primavera, miro cómo ella toma un montoncito de tabaco, y se lía un cigarrillo.

Los cigarrillos han aumentado demasiado en estos últimos tiempos. Un artículo periodístico señalaba que las ventas habían caído un 45%. Antes de que termine la operación de liado, me despido de ella. Comienza mi clase de francés.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Reseña: “The Umbrella Academy”, de Gerald Way y Gabriel Bá






–Bueno, esto ha sido un completo sinsentido...
–¿Qué? ¿No acabamos de salvar el universo?








¿Y si les dijera que el vocalista principal de My Chemical Romance es la mente maestra detrás de uno de los mejores cómics del siglo XXI? ¡Así es!: con el guión de Gerald Way y el estilo gráfico del dibujante brasileño Gabriel Ba, The Umbrella Academy se abrió paso en el universo de las historietas para llevarse nada más y nada menos que dos premios Eisner en el año 2008. Los Eisner son los Premios Óscar de los cómics. Lo que significa que el desquiciado experimento de Way/Ba tuvo éxito en lo que se propuso, es un material original o es altamente recomendable. Esta historia cumple con estas tres condiciones en tiempo y forma, así que... ¡vamos a la reseña!

En un año insólito, nacen simultáneamente 43 bebés alrededor del mundo. Todos ellos, de madres solteras sin aparentes signos de embarazo. Todos ellos, niños «extraordinarios». El magnate, científico e inventor Reginald Hargreeves movió cielo y tierra para hallar a los 43. De los cuales sólo pudo hallar a 7. Después de dar una conferencia de prensa, él y los pequeños desaparecen. Durante años no se vuelve a saber nada de ellos... ¡hasta que la Torre Eiffel empieza a temblar sin razón aparente!

Las autoridades francesas no saben cómo reaccionar ante este extraño fenómeno. ¡Y lo que es más extraño aún!: aparecen, como de la nada, un grupo de niños con cinturones antigravedad en el corazón de París, para solucionar el problema. Así es como comienza The Umbrella Academy: con personajes pintorescos, dispositivos extravagantes, fenómenos sobrenaturales, muchas preguntas y pocas respuestas.
  

No me resulta fácil hallar palabras precisas para definir esta obra. Es bizarro, pero de una manera tal que nos presenta un universo rico en personajes, tramas, argumentos y referencias culturales. En este mundo, la teletransportación, los monos parlantes con inteligencia desarrollada, las armas láser y los supervillanos ultraviolentos forman parte de la vida diaria de Umbrella Academy, una sociedad de superhéroes conformada por los hijos adoptivos de Hargreeves. Él los ha criado, entrenado e instruido con la intención de «salvar el mundo». La pregunta es: «¿De qué?»

En el arco argumental Suite Apocalíptica, constituido por seis números, Way y Bá exploran la relación conflictiva de los miembros del equipo con Hargreeves, tanto en la niñez como en los años siguientes. Reginald es lo más cercano a un padre que han tenido; por el contrario, el magnate no parece manifestar en ningún momento muestras de afecto hacia ellos, a tal punto de que les prohíbe que lo llamen «papá». Para él, los niños sólo son armas de destrucción masiva que pueden ser utilizadas para mantener el orden en la Tierra. Los héroes han vivido toda su infancia bajo las órdenes de un padre adoptivo que no les ha dado un gramo de ternura, salvando al mundo en más de una ocasión mientras otros niños de su edad asisten al colegio o salen a jugar. La prematura responsabilidad de mantener el orden a nivel global, condimentado con la falta de afecto y el autoritarismo del señor H., marcó a los niños de distintas maneras.

Un hombre-simio-astronauta, un justiciero enmascarado que puede respirar bajo el agua, una mujer de cabello violeta recién divorciada, un bromista que puede hablar con los muertos, un niño con un reloj de bolsillo, un chico al que le salen tentáculos por el ombligo y una mujer cuya única habilidad especial es tocar el violín. Siete personajes con personalidades totalmente diferentes que se ven obligados a trabajar en grupo para enfrentarse a todo tipo de amenazas.

Además de Suite Apocalíptica, Way y Bá realizaron una continuación, Dallas, donde los viajes en el tiempo, los asesinos psicópatas, los viajes psicodélicos y las peleas entre hermanos adoptivos están a la orden del día. ¡Sí, este cómic tiene todo esto y mucho más! Y la mejor parte es que ambos arcos incluyen todos estos elementos en una trama bien construida, llena de momentos hilarantes, dramáticos, violentos y conmovedores.

The Umbrella Academy nos replantea el significado de ser héroe en un mundo repleto de absurdos, sinsentidos, desarrollos tecnológicos y relaciones disfuncionales. Arruinar la infancia de siete criaturas con superpoderes que se enfrentan a peligros mortales tan sólo para complacer a su padre es el sacrificio que Hargreeves considera necesario para «salvar al mundo». Una de las preguntas que la historia en sí nos plantea es cómo un hombre incapaz de sentir afecto por nadie puede aspirar a una ambición tan noble. Enviar a tus siete hijos a una cruzada contra el crimen y regalarles caramelos al final del día no es uno de los mejores tips para ser padre.

Si bien en los dos arcos argumentales de TUA hay un muy buen uso del recurso del flashback para explicar cómo se ha desarrollado esta «familia», mayormente son los diálogos y los detalles en las viñetas (fotografías, cuadros, recortes periodísticos, portadas de libros, etc.) los que nos proporcionan la información necesaria para terminar de recomponer el drama de los Hargreeves. El ritmo de la narración no da tregua al lector: la acción es continua, acelerada, nos engancha desde el primer momento y nos arrastra trepidantemente hasta el final. Tanto en Dallas como en Suite Apocaliptica tropezamos con situaciones que nos dejan con la boca entreabierta, escenas que nos hacen decir «¿Pero qué demo...?» y «¿Qué cará...?»; incluso determinados acontecimientos que sí veíamos venir desde la primera página acaban por desconcertarnos cuando culminan en el desenlace.


No todo es impredecible en The Umbrella Academy, pero el guión de Way está lleno de sorpresas, mayormente agradables; esta no es la clásica historia de superhéroes que luchan contra supervillanos en el nombre de la justicia. Ellos no son más que niños que quieren llamar la atención de su papá. Y no lo consiguen. Y esto los frustra. Pueden mover mundos enteros con las manos y no pueden sacarle una sonrisa al hombre que les dio un camino a seguir. Por supuesto, no todos los niños buscan complacer al señor H.; Número Cinco y Kraken (o Nº 2), por ejemplo, son personajes bastante temperamentales, con carácter fuerte y además propensos a desafiar a la autoridad. Otros, como Space (Nº 1) y Horror (Nº 6), confían, respetan y adoran a Hargreeves a pesar de los peligros mortales a los que éste los expone.

El tratamiento de los personajes en esta historia es impecable y otorga a los protagonistas una dimensión humana que sólo los mejores escritores han podido lograr. El arte de Gabriel Bá le otorga a la obra una riqueza gráfica en cuanto al diseño de los protagonistas, invocando un estilo que por momentos me recuerda a los videoclips de Gorillaz o a algunos elementos de la corriente dieselpunk, pero sin caer en lo garabatesco, encajando a la perfección con el mundo que Way ha diseñado; un estilo al servicio del surrealismo rimbombante y desenfadado de un guión minucioso como un mecanismo de relojería, donde no hay una sola viñeta de más y cada personaje cumple benévolamente con la función que el autor le ha asignado.

The Umbrella Academy es una de esas obras que cuando las terminás de leer se vuelven irreseñables, con un argumento tan desopilante que no sabés por dónde empezar. Tal vez mi reseña no haya podido expresar con exactitud cómo este cómic me voló la tapa de los sesos hasta la estratósfera. Pero si realmente pensás que está copado tener superpoderes, te invito a que le eches un vistazo a la vida de los Hargreeves. El poder no nos hace más libres o más felices. «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad» sentenció Ben Parker. Y la responsabilidad que el señor H. ha puesto sobre los hombros de estos siete niños es demasiado grande para ser soportada.

Sin rodeos, The Umbrella Academy es uno de los mejores cómics que he leído hasta ahora. Si realmente estás buscando algo original o, al menos, una historia poco convencional, que además de entretenerte por un par de horas también te deje con los ojos desorbitados después de la lectura, definitivamente esta es la mejor opción.




Cada opinión, marginal o no, es un granito de arena en este lugar; contesto preguntas y devuelvo comentarios. ¡Gracias por leer!