lunes, 30 de enero de 2017

La voz de las que mueren: acerca de “El incidente...”

Una chica me hizo recordar un poema que escribí acerca de algo que pudo haber sido un crimen. Publiqué El incidente del Boulevard Perón a las 6:30 a.m. como una reacción a una publicación de Facebook, mientras escuchaba jazz con auriculares.

Hay quienes persisten en conservar una oposición tajante entre los medios masivos de comunicación y la escritura poética.

Pulsaciones, de J. Ruescas y F. Miralles, se sostiene en el artificio de los mensajes de textos. Es una de las obras más significativas de la literatura juvenil contemporánea. Un ejemplo fresco de cómo la literatura pone en crisis esa distancia ilusoria entre la máquina y el arte. Una representación de la mediación de las nuevas tecnologías en las relaciones humanas; el eje narrativo es la pérdida de la memoria y la promesa de una historia de amor.

Yo fui un poquito más allá. Arrancar una frase del muro de alguien, comerla con rabia y vomitar una protesta en verso. Tomar agua del río, y escupirla en el río, y ver cómo se forman burbujas inútiles en la superficie podrida de lo real. El incidente… es deliberadamente social, un síntoma del #NiUnaMenos, un miligramo de feminismo en la sangre de alguien que cree no serlo, que descree de las banderas políticas y de la política misma.

Las mujeres no mueren por su ideología o su religión. Dentro de la ecuación del asesino, ser mujer es condición suficiente para ser golpeada, violada y asesinada.


El Incidente me recuerda eso. El miedo de las que caminan en la calle sin saber si acaso volverán y nuestra vergonzosa condición de cómplices al enmudecer la voz de las que mueren.

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