martes, 14 de febrero de 2017

El fénix en el ojo de la tormenta: la escritura a contratiempo en ‘Solo déjate llevar’

La reseña de Bojack Horseman funciona, como tantos otros textos del circuito funesiano, como un intento de desestabilizar la rigurosa estructura que dio forma al blog; un deslizamiento hacia fuera, lejos de la zona de confort del comentario literario. Sol busca diligentemente una grieta en el molde para no morir en las formas agotadas. Parece fracasar, y abandona la escritura durante semanas que prometen ser meses; un fracaso «aparente», porque a veces es necesario contemplar el universo en retrospectiva y ajustar la lente para reanudar el hábito de la escritura.
Hacer literatura no es fácil. Escribir en un blog tampoco lo es. Respirar profundo es quizás, junto con Cambio de diseño y de identidad, uno de sus textos más demoledores, un acto de sinceridad; Funes, guerrera en su encrucijada personal, manifiesta a través de su obra textual la transición niña-mujer, el salto de la adolescencia hacia la madurez. Esta observación no es ni pretende ser desafortunada; Sol está en una fase de resurrección, de metamorfosis, de maduración.
Hay que tomar en serio a los bloggers. Leerlos de otra manera. Solo déjate llevar es un espacio donde la autora pone mucho en juego. Nos explica los motivos de sus ausencias sin rodeos, pero a la vez, al leerla, uno siente que algo late bajo las palabras.

«Este año la vida me ha pegado como un huracán. Como un huracán en movimiento que termina llevándome al otro punto del mundo.»
M. S. Funes, Respirar profundo

Una escritura que de pronto se desvía de la reseña de literatura juvenil para desgarrarse a sí misma. Funes, como pocos, nos muestra el ojo de la tormenta. Los artículos periodísticos «serios» que intentan describir las operaciones de lectura de los bloggers y booktubers argentinos apenas rascan la superficie del oficio. Ser blogger implica articular la obra literaria con la reseña, pero, además, arte y comentario, poesía y nota al pie, se articulan con el universo interior de quienes reseñan. Algo borgeano. El apellido de Sol tiene sabor a cuento de Borges: en Funes, el memorioso, el protagonista, Ireneo Funes, agoniza debido a que es capaz de recordarlo todo hasta el más mínimo detalle. Sol Funes no es lo suficientemente borgeana como para aburrirnos o desorientarnos; su escritura es ágil y preciosa, anaranjada, si tuviera que elegir un color, porque combina el rojo de lo atroz y verdadero con el amarillo de lo juvenil, lo nuevo, lo fresco, lo enérgico.
El personaje del relato borgeano agoniza en la oscuridad del dormitorio; la otra Funes, la Funes que muchos leemos, exorciza sus demonios con palabras. A ella, a esa niña que crece y se vuelve mujer a los golpes, le ha costado, le cuesta, escribir. Lo confiesa sin pudor y con pundonor. Porque la chispa creativa no siempre funciona. No siempre la suerte está de nuestro lado. Tampoco hace falta una arena de combate para verla sangrar. Escribo esto, no como una maniobra lisonjera de poeta de Siglo de Oro, sino porque las pruebas, los testimonios, las evidencias, están allí. Las claves de la escritura de Funes que me permiten entender el funcionamiento de su blog están a la vista.
Desde un punto de vista meramente técnico –perspectiva enteramente mía, y, por lo tanto, susceptible a cualquier margen de error–, me gusta más cómo escribe la reseña de Bojack Horseman que el estilo con el que escribió sus últimas reseñas literarias (Wink Poppy Midnight, Cuando la amistad me acompañó a casa, Por trece razones). No hay ejecuciones torpes en sus textos, pero Sol aprovecha la reseña de una serie de televisión para introducir una pequeña digresión –pequeña, pero significativa– acerca de la animación para adultos y la situación de los televidentes latinoamericanos que desconocemos lo que hay fuera del vicio simpsoniano.
El argumento de la reseña de Bojack Horseman es el siguiente: ¿cómo reseñar una serie que casi nadie conoce? Aquí, creo yo, aparece la mejor versión de Funes. Un texto bien estructurado, armonioso y condimentado con esos chispazos de humor y calidez que Sol suele transmitir en sus arranques de inspiración.
«Amigos y lectores, luego de este largo proceso de desaparición he surgido de las cenizas como el ave fénix.» Esta es la segunda oración de la reseña de Por trece razones. La mejor frase de este artículo es la que no tiene nada que ver con el libro que ha leído. Diecinueve palabras llenas de ella. Visible o indirectamente, los últimos textos de Funes tienen que ver con este ciclo de muerte y renacimiento del blogger, con estas idas y venidas que amenazan con cortar la escritura.
El blog de Sol es mucho más profundo de lo que piensan. Yo soy uno de sus lectores más interesados y más discretos. No siempre tengo la oportunidad de dirigirle comentarios que valgan la pena ser leídos. Me pareció mucho mejor escribir un humilde análisis de lo que veo en sus entradas. Justificarla, aunque no hace falta que nadie la justifique. Escribe lo que quiere, cuando quiere; no, corrijo: escribe cómo puede, cuando puede. El gesto de escribir a pesar de todo es el que da fuerza y brillo a sus palabras, es lo que nos hace leerla.
Hoy tengo el privilegio de volver a reseñar un blog que me inició en el género del blog literario. Hace más de un año lo he recomendado; ahora, lo vuelvo a recomendar, porque al leerlo, leo a alguien que entiende que no siempre se puede escribir y que se está adaptando a las reglas del juego de la vida. Sol soporta su destino, recibiéndolo con las manos desnudas y tolerando los bastonazos que le hacen saltar el alma.
Sol, pluma primaveral en el feroz estío, ha publicado un artículo prometedor que, como lector, me llena de alborozo. ¿Cómo no celebrar este retorno? Mi texto tiene pocas aspiraciones: bancar, en primer lugar, a este blog y sus esperanzas; proveer un marco teórico para analizar la blogósfera desde otra perspectiva; fabricar o habilitar, con un lenguaje casi poético, otros modos de reseñar reseñas; amparar, en la medida de lo posible, a los talentos modernos, proporcionarles un andamio en el cual sostenerse. Salvaguardar nuestro derecho de publicar lo que nos plazca, a riesgo de colocar nuestro corazón en bandeja de plata para que lo destacen los chacales. Es lo que ella hace, lo que nosotros hacemos. Aceptar estos términos y condiciones para seguir escribiendo.
Así es Funes, dieciocho veranos, apellido borgeano, espíritu sensible, soñadora empedernida, pequeña gran estrella de este vasto universo, que se juega la piel entera en cada reseña, perpetuada con ternura y felicidad.





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