jueves, 27 de abril de 2017

Hiperresumen del mes (más cruel) de abril

Abril es el mes más cruel... ¡Cuánta razón tenía Eliot!


Aunque hubo pocas publicaciones...

(en comparación con otros meses)

OPINIONES MARGINALES

siempre apuesta a la calidad sobre la cantidad.


Por lo tanto,
     aquí
     les
    traigo


un resumen
de lo que fue
el cuarto mes del año...


de Paul Auster.



de Newt Scamander.

(Sí, ya sé que Rowling lo escribió...)













Yyyyyyy ademáaaaaaas...





Y
ESO
ES
TO
D
O
.
.
.


[¡Gracias por leer!]

jueves, 13 de abril de 2017

¿Es ético comer ranas de chocolate?

Si no se han hecho esta pregunta antes, este es el mejor o el peor momento para hacerla. En este caso, remito a la adaptación cinematográfica de La piedra filosofal, ya que el libro no menciona explícitamente que estas golosinas estén «vivas» o que puedan saltar.

La última vez que vi la escena de Ron y Harry comiendo golosinas en el expreso a Hogwarts, me pregunté:

–¿Es ético comer una rana de chocolate? 

Mi hermana, compañera espectadora, dijo que no, que la rana estaba viva o animada, y que aún en caso de que compartiera la misma categoría que un objeto inerte, la criatura de chocolate no saltaría sin tener una razón para hacerlo.

–Pero estas ranas han sido creadas para ser comidas –dije yo.

–Sí, y las vacas han sido criadas para ser comidas –dijo ella.

Esto implica que la rana de chocolate y la vaca se hallan en el mismo nivel de clasificación. Observación que no comparto, porque la vaca no fue creada a partir de una masa de chocolate ni ha recibido el soplo de la vida mediante un hechizo. Este animal, aunque atrozmente criado para consumo humano («como cerdo para el matadero», diría cierto mago), no es creado por el humano. Si algún vegano se quiere sumar a la discusión y expresar su opinión, es libre de hacerlo.


El primer dilema de la rana de chocolate es determinar si se trata de un ser vivo o no vivo más allá del material del que esté hecha. Porque, a menos que sea un extremista objetor de conciencia, no hay mago o bruja que tenga un animal comestible como mascota o que luche por los derechos de las ranas de chocolate así como Hermione defiende fervorosamente la abolición de la esclavitud élfica.

El segundo dilema no es menos macabro: ¿ustedes comerían algo que se mueve? Comer una rana de chocolate no es lo mismo que comer una gragea, convengamos. La historia de la gastronomía mágica ha de tener sus excentricidades, así como los hábitos alimenticios muggles: los lectores bien informados conocerán algunas patrias donde los comensales se deleitan con la masticación de criaturas invertebradas previamente sumergidas en azúcar o aceite.

No quiero desviarme mucho de la polémica. Mi hermana –una esmerada Hufflepuff– y yo –un meticuloso Ravenclaw– a menudo nos sacamos chispas con estos debates tan estrafalarios como inútiles que sólo podrían interesar a los Lovegood. La última palabra en Semana Santa la tienen ustedes...


¿Qué opinan?




lunes, 10 de abril de 2017

Reseña: “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, de Newt Scamander




«...las asombrosas criaturas
que se describen
a continuación
son imaginarias
y no pueden
hacerles daño.»







No sé cómo explicar lo maravilloso que es este libro. En contraste con los volúmenes corpulentos que constituyen la saga principal, este tomo es, en correspondencia con el género discursivo que aspira a parodiar –un manual para estudiantes de primer año–, de lectura ligera y con pocas páginas. Un compendio de setenta y cinco especies animales mágicas rubricado por el célebre magizoólogo Newton A. F. Scamander. (Me refiero, en este caso, a la edición del año 2001, lanzada un año después de El cáliz de fuego.) Este libro tiene la particularidad de contar con notas marginales de su propietario original: Harry Potter. Aunque las letras garrapateadas en los espacios en blanco de las hojas carecen de información científica relevante, constituyen una nebulosa de pequeños guiños a algunos personajes y eventos ocurridos en Hogwarts.

Mi propósito con este artículo es, además de discutir el contenido de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (en adelante, AF), proponer una serie de líneas de análisis para mostrar cómo este libro, en su simplicidad y concisión, retoma algunas ideas fundamentales que forman parte de la cosmovisión de los brujos en el universo mágico de HP.

¿Qué decir respecto a las casi sesenta páginas de este tomo rojo de tapa blanda?

Mucho.

En primer lugar, los que relean con sumo detenimiento el título de esta reseña me preguntarán por qué aparece el nombre de Scamander como autor de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, siendo que todos sabemos que Rowling es la autora material de esta obra menor. AF no es el único libro de JKR que problematiza con la función autor; además de Quidditch a través de los tiempos, publicado simultáneamente bajo el seudónimo de Kennilworthy Whisp, hay que considerar la serie de libros publicados bajo el alias de Robert Galbraith, tiempo después del cierre de la saga.

La función autor marca un modo de lectura. En AF, no leemos a Rowling, sino a Newt Scamander, su visión de mundo, de la ciencia y de los muggles. Aunque uno sepa que es Rowling la que está bajo la escritura de Scamander. Uno, de buena o de mala gana, tiene que seguir el juego. Entonces, en cierto modo, con este gesto simbólico de cambio de nombre, a quien estoy reseñando no es a JKR, sino a Newt.

Me parece importante subrayar este aspecto del texto porque AF ofrece, además de un catálogo elaborado de razas animales, información adicional acerca de los tiempos anteriores a la creación del Ministerio de Magia e incluso explora el desarrollo de la magizoología como disciplina científica.

A riesgo de caerte mal si sos potterhead, me envalentono a darle una vuelta de tuerca a la reseña y analizar, al menos, dos líneas de lectura posible.

La primera es la línea epistemológica: en otras palabras, ¿cómo escribir un texto científico? ¿Cómo clasificar a las razas mágicas en «seres» y «bestias»? Esta es la pregunta que se hace y que nos hace Scamander en una prolongada sección introductoria. Los prólogos de AF son los más entretenidos que he leído. El primer prólogo, escrito por Albus Dumbledore, es el que pone en crisis la distancia entre realidad y ficción porque está dirigido a todos aquellos lectores que consiguieron legítimamente el libro, recordándoles que gracias a su compra colaboran con la organización benéfica Comic Relief. Podríamos pensar este prólogo como una advertencia antipiratería –la venta de AF como Quidditch a través de los tiempos fue pensada con fines no lucrativos–, proveniente de un personaje de autoridad como lo es el director de Hogwarts. Dumbledore apela fuertemente a solidaridad de los magos que ahora pueden contribuir a los esfuerzos de los muggles por «combatir las peores formas de sufrimiento humano».

Luego, ingresamos a otra zona introductoria, esta vez escrita por Scamander, quien nos provee una brevísima historia de cómo el Consejo de Magos lidió con el problema de la clasificación y ocultamiento de criaturas mágicas desde el siglo XIV. Esta cronología de la magizoología sirve para entender hasta qué punto la obra científica de Newt ha influido pesadamente en los ámbitos académicos y cotidianos de los hechiceros. Scamander es el Alexander Humboldt del mundo mágico: un espíritu aventurero que ama el contacto con la naturaleza, los viajes, el descubrimiento y la contemplación de la fauna. Aunque no he tenido el privilegio de ver el filme, el guión cinematográfico de AF se ha visto en la obligación, indudablemente, de perfilar en Redmayne una tipología de héroe pocas veces vista en el género fantástico: el aventurero científico. No el clásico estereotipo de sabelotodo de bata blanca encerrado en su laboratorio, sino el enérgico trotamundos con una pasión inextinguible por lo que ama y cuya fascinación por el hallazgo de nuevos horizontes es inagotable. (Si vieron la peli, harán el favor de comentarme cómo ha sido la interpretación del personaje en la pantalla grande, si lo han percibido de esta forma.)

La segunda lectura de AF corresponde a la línea política. Acá estamos en una zona de tensión donde pueden discrepar o coincidir conmigo. A lo largo de las casi sesenta páginas se repite varias veces el término «muggle». Un señalamiento burdo, pero que nos indica que este texto dirigido a los magos tiene una función especial además de proveer conocimientos de magizoología a los estudiantes. Básicamente, la ciencia de Scamander no es una ciencia que se estanca dentro de las aulas, sino que lo que él busca también es prevenir situaciones de peligro tanto para las bestias como para magos y muggles. Entre párrafo y párrafo, e incluso en algunos pies de página, Newt señala algunos incidentes a lo largo de la historia que obligaron al Consejo de Magos –y, posteriormente, al Ministerio de Magia– a perfeccionar sus métodos de ocultamiento de criaturas y hasta a crear departamentos enteros destinados a funciones específicas. Hay constantes alusiones al tráfico de especies peligrosas y a contrabando de Bienes No Comerciables (huevos de dragón, por ejemplo). En AF, Scamander exhorta a la comunidad mágica a asumir una conciencia ecológica y a preservar las especies mágicas naturales como objetivo principal.

La actitud proteccionista de los magos respecto a los muggles es un indicador de cómo ellos nos ven a nosotros: Scamander, consciente o inconscientemente, subraya la jocosa incapacidad general de los seres humanos de comprender o controlar los fenómenos mágicos. Hay que tener en cuenta que la primera edición de la obra de Newt realizada por la editorial Obscurus data de 1927. Es decir, un año después de lo que ocurre en la adaptación cinematográfica. En el momento en que la saga de Harry Potter inicia, hay una postura mucho más conciliadora, tolerante e inclusiva con los no magos.

AF intercala una representación de los muggles como seres relativamente inofensivos que pueden sufrir las consecuencias de la negligencia de los magos si éstos no hacen algo para controlar a las bestias fantásticas más terribles del planeta. Esta visión socialmente comprometida de Scamander reverbera, en mayor o menor medida, en otras aristas de la saga: por ejemplo, con las excéntricas investigaciones del señor Weasley o incluso con la escena introductoria de El misterio del príncipe, que muestra a Fudge y Scrimgeour en el despacho del primer ministro de Reino Unido. La cuestión muggle nunca es menor en el mundo mágico. Ni a Newt se le escapa este detalle.

A pesar de ser una obra cortísima, AF retoma concepciones que se han estado formulando a lo largo de la saga, al menos hasta el cuarto libro. Las notas de Potter y Weasley citan concretamente criaturas que han aparecido tanto en La cámara secreta como en El cáliz de fuego. Scamander remite, además, a otras siete obras textuales del mundo mágico, explicitadas en sus respectivas notas al pie. A saber...


–Anónimo. Hocico peludo, corazón humano. Whizz Hard. 1975.
–Bagshot, Bathilda. Una historia de la magia. Little Red Books. 1947
–Egg, Mordicus. La filosofía de lo terrenal: por qué los muggles prefieren no saber. Dust & Mildewe. 1963.
–Pokeby, Gulliver. Por qué no morí cuando el augurey cantó. Little Red Books. 1824.
–Stalk, Blemhein. Muggles que se dan cuenta. 1972. (Editorial desconocida)
–Whisp, Kennilworhty. Quidditch a través de los tiempos. Whizz Hard. 1952.
–Wigworthy, Wilheim. Vida doméstica y costumbres sociales de los muggles británicos. Little Red Books. 1987.


A partir de esta biblioteca inaccesible para un muggle –por ahora, la obra de Whisp es la única de la lista en irrumpir en el mundo real–, Scamander sella los puntos ciegos que su breve tratado de magizoología no puede cubrir.


¡Y-esto-es-todo-por-hoy! Si han leído Animales fantásticos o si le echaron un vistazo a la peli, pueden comentarlo abajo. Gracias por leer y los espero en la próxima entrada.

jueves, 6 de abril de 2017

Acerca de los cuadros vivientes dentro y fuera de Hogwarts

En Harry Potter, los cuadros pictóricos trascienden su condición de piezas inmóviles para ascender a la categoría de personajes. Pueden dialogar libremente con los protagonistas, moverse a través de otros marcos y vigilar espacios externos al lienzo. Esta operación de personificación de los retratos propone una de las discusiones más ricas en incógnitas en relación al universo mágico de Rowling.

En primer lugar, los cuadros, ¿están realmente vivos? ¿Preservan parte de la esencia de las personas retratadas o son representaciones autoconscientes que «imitan» la personalidad de los retratados? ¿Un cuadro puede tener personalidad y conciencia propia más allá de representar la imagen de otro? ¿Adquieren experiencia o conocimiento a lo largo del tiempo? ¿Tienen sentimientos o pensamientos propios, o su carácter está marcado por el artista que los creó o la figura histórica que «interpretan»?

     Un cuadro de Dumbledore, por más que tenga la personalidad del mago, no es Dumbledore. Pero tranquilamente podemos establecer un diálogo coherente con el retrato.

Otro tema de discusión es la dimensión interior de los cuadros en sí. En el filme de La piedra filosofal, cuando Harry advierte que la imagen de su cromo ha desaparecido, Ron señala que la figura no se queda allí todo el día. ¿Qué sucede con los personajes de los cromos cuando están fuera de su propio espacio? ¿Cómo el personaje de un cuadro puede salir de su propio sitio y recorrer otros? ¿Acaso todos los retratos mágicos están interconectados entre sí?

Podríamos arrojar al aire más ejemplos, pero aquí lo dejamos. En mi facebook personal planteé la misma pregunta y he recibido respuestas interesantes. Como a mí me interesan vivamente sus teorías, les invito a comentarlas en esta entrada.


¿Qué opinan ustedes?


miércoles, 5 de abril de 2017

De inquisidor a potterhead o cómo me hice Ravenclaw

Hace tiempo escribí un artículo titulado Cinco razones por las que no me terminó de gustar Harry Potter, donde explicaba mi frustrante experiencia al haber leído por primera vez la saga mágica de Rowling. Para entender dicha frustración, hay detalles que debo recapitular: en primer lugar, no me enganché con Harry Potter sino tardíamente, cuando todos pensábamos que este bello ciclo de historias había terminado (el estreno de El legado maldito y la adaptación fílmica de Animales fantásticos y dónde encontrarlos nos desengañaron). He leído esos siete libros a sangre fría, pero sin criticar directamente el material de la obra. Tenía que escribir una crítica que no pareciera una crítica para no enardecer a los potterheads. Simultáneamente, me maravillaron todas las operaciones literarias y extraliterarias que Rowling utilizó para moldear un virtuoso sistema simbólico que se sostiene y se enriquece a lo largo de la saga. La escritura épica, reivindicada en los tiempos de la postmodernidad, se extendió incluso a otros autores y géneros. El mismísimo Stephen King halló fuerzas en los tres primeros libros del ciclo mágico para continuar su propia saga: La Torre Oscura.
¿Cómo leer Harry Potter después de Harry Potter? ¿Hay un «después», realmente?
Las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas para aquellos que deseen entrar a este universo fantástico. Tanto Rowling como sus seguidores han abolido la posibilidad de cierre. Harry Potter es ya una pieza clásica de la literatura contemporánea; el éxito de La piedra filosofal reformuló, entre otras cosas, tanto el arte de la escritura como la relación autor-obra-lector.
Rowling re-legitimó y re-dimensionó la literatura infantil y juvenil, construyendo una narrativa que entra en contacto no sólo con otros géneros literarios sino también con todo un espectro temático inconmensurable: tramas políticas, cuestiones sociales, dramas universales, enigmas policiales, etc.
Mi postura inquisitorial se modificó considerablemente al cristalizarse toda esta serie de controversias que la obra de Rowling representa dentro del continuum de Harry Potter. Hoy, hasta puedo decir con orgullo que me siento Ravenclaw. (¡Aguante Ravenclaw, vieja! ¡No me importa nada!) Yo me enganché tardíamente a este fenómeno. Mi punto de vista no es el del fanático empecinado, pero tampoco es la del intelectualoide cerrado.
Es necesario, a la luz de estos hechos, desarrollar una nueva perspectiva para leer el lado oscuro de estas lunas literarias. Proporcionar tanto a críticos como a los lectores otras herramientas de análisis que revaloricen el género fantástico.
Aunque Rowling ocupe un lugar más privilegiado en el sistema literario occidental, no existe un pensamiento crítico en Latinoamérica lo suficientemente solidificado que concilie al fandom con la universidad; el placer de la lectura y el análisis de la escritura parecen ríos antagónicos. (En Estados Unidos, en cambio, hay enciclopedias enteras respecto a JKR.)
Un poco para redimirme de mi posición anterior, un poco para interiorizarme en los debates que incendian los foros, un poco para crear un espacio de acceso a la erudición de los potterheads, un poco para divertirme, estoy preparando una nueva sección en el blog para discutir otras posibles lecturas de HP. Esta iniciativa que todavía no tiene nombre surge de una serie de discusiones que tuve con mi hermana (Hufflepuff de pura cepa) mientras veíamos La piedra filosofal; la escena del retrato de La Dama Gorda desencadenó un debate acerca de los cuadros mágicos que pienso desarrollar con mayor detenimiento en la próxima entrada.
En la actualidad no sé si podría definirme como potterhead; soy, en todo caso, un inquisidor arrepentido que intenta desandar los senderos del odio.

Queda, tras la penitencia, un consuelo: las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas. Para mí, para ti y para todos.

lunes, 3 de abril de 2017

Reseña: “El cuaderno rojo”, de Paul Auster




«Esto ha sucedido de verdad. Como todo lo que he escrito en este cuaderno rojo, es una historia verdadera.»










     La adquisición de El cuaderno rojo de Paul Auster ha sido una de las decisiones más azarosas e inteligentes que he tomado como lector. Prosigo, con justicia, a reseñarlo.

     La obra (que merecerá sucesivas reediciones) se publica a mediados de los noventa; las palabras se distribuyen en trece relatos cuyo común denominador es el azar. Relatos autobiográficos, anécdotas impropias, historias contadas por el amigo de un amigo. La pluma de Auster oscila inquebrantablemente estos registros.

     Hay casualidades tan casuales que no parecen sino designios del destino o de los dioses. El azar, la contingencia, lo circunstancial y lo-que-hubiera-pasado-si-no-hubiera-ocurrido. El autor aborda este espectro temático empuñando las paradojas y los sinsentidos de la vida para demostrarnos que la vida es, precisamente, ese continuum abarrotado de contradicciones y milagros cotidianos.

     Esta reseña es tan breve y verdadera como los relatos que Auster escribió en su cuaderno rojo. Si lo que él narra en esas páginas es verdadero o falso, es una labor que corresponderá al juicio del lector.

sábado, 1 de abril de 2017

Algo humano

1 Corintios 9.22


     He (re)escrito los dos primeros capítulos de una novela que tal vez no publique nunca. Bajo el amparo de un taller literario, colaboré en un cadáver exquisito y escribí un relato titulado La casa de los cerezos.
     Escribo estas líneas un viernes en la multitudinaria soledad del comedor de la facultad, donde descienden semanalmente miles de bocas hambrientas y vacilantes. (Muchas de ellas protestan por un nuevo comedor.)
     Soy universitario, soy evangélico, soy telefonista, soy argentino.
     Ninguno de estos devenires me define por completo.
     Juzgo más interesante a mi yo escritor, este otro yo que tiene un poco de todos los yoes que soy. El escritor no es menos crítico que el universitario, ni menos espiritual que el evangélico, ni menos laborioso que el telefonista, ni menos apasionado que el argentino.
     El escritor es un algo hecho de un poco de todos.
     Un algo que escribe.
     Un algo humano.