lunes, 10 de abril de 2017

Reseña: “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, de Newt Scamander




«...las asombrosas criaturas
que se describen
a continuación
son imaginarias
y no pueden
hacerles daño.»







No sé cómo explicar lo maravilloso que es este libro. En contraste con los volúmenes corpulentos que constituyen la saga principal, este tomo es, en correspondencia con el género discursivo que aspira a parodiar –un manual para estudiantes de primer año–, de lectura ligera y con pocas páginas. Un compendio de setenta y cinco especies animales mágicas rubricado por el célebre magizoólogo Newton A. F. Scamander. (Me refiero, en este caso, a la edición del año 2001, lanzada un año después de El cáliz de fuego.) Este libro tiene la particularidad de contar con notas marginales de su propietario original: Harry Potter. Aunque las letras garrapateadas en los espacios en blanco de las hojas carecen de información científica relevante, constituyen una nebulosa de pequeños guiños a algunos personajes y eventos ocurridos en Hogwarts.

Mi propósito con este artículo es, además de discutir el contenido de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (en adelante, AF), proponer una serie de líneas de análisis para mostrar cómo este libro, en su simplicidad y concisión, retoma algunas ideas fundamentales que forman parte de la cosmovisión de los brujos en el universo mágico de HP.

¿Qué decir respecto a las casi sesenta páginas de este tomo rojo de tapa blanda?

Mucho.

En primer lugar, los que relean con sumo detenimiento el título de esta reseña me preguntarán por qué aparece el nombre de Scamander como autor de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, siendo que todos sabemos que Rowling es la autora material de esta obra menor. AF no es el único libro de JKR que problematiza con la función autor; además de Quidditch a través de los tiempos, publicado simultáneamente bajo el seudónimo de Kennilworthy Whisp, hay que considerar la serie de libros publicados bajo el alias de Robert Galbraith, tiempo después del cierre de la saga.

La función autor marca un modo de lectura. En AF, no leemos a Rowling, sino a Newt Scamander, su visión de mundo, de la ciencia y de los muggles. Aunque uno sepa que es Rowling la que está bajo la escritura de Scamander. Uno, de buena o de mala gana, tiene que seguir el juego. Entonces, en cierto modo, con este gesto simbólico de cambio de nombre, a quien estoy reseñando no es a JKR, sino a Newt.

Me parece importante subrayar este aspecto del texto porque AF ofrece, además de un catálogo elaborado de razas animales, información adicional acerca de los tiempos anteriores a la creación del Ministerio de Magia e incluso explora el desarrollo de la magizoología como disciplina científica.

A riesgo de caerte mal si sos potterhead, me envalentono a darle una vuelta de tuerca a la reseña y analizar, al menos, dos líneas de lectura posible.

La primera es la línea epistemológica: en otras palabras, ¿cómo escribir un texto científico? ¿Cómo clasificar a las razas mágicas en «seres» y «bestias»? Esta es la pregunta que se hace y que nos hace Scamander en una prolongada sección introductoria. Los prólogos de AF son los más entretenidos que he leído. El primer prólogo, escrito por Albus Dumbledore, es el que pone en crisis la distancia entre realidad y ficción porque está dirigido a todos aquellos lectores que consiguieron legítimamente el libro, recordándoles que gracias a su compra colaboran con la organización benéfica Comic Relief. Podríamos pensar este prólogo como una advertencia antipiratería –la venta de AF como Quidditch a través de los tiempos fue pensada con fines no lucrativos–, proveniente de un personaje de autoridad como lo es el director de Hogwarts. Dumbledore apela fuertemente a solidaridad de los magos que ahora pueden contribuir a los esfuerzos de los muggles por «combatir las peores formas de sufrimiento humano».

Luego, ingresamos a otra zona introductoria, esta vez escrita por Scamander, quien nos provee una brevísima historia de cómo el Consejo de Magos lidió con el problema de la clasificación y ocultamiento de criaturas mágicas desde el siglo XIV. Esta cronología de la magizoología sirve para entender hasta qué punto la obra científica de Newt ha influido pesadamente en los ámbitos académicos y cotidianos de los hechiceros. Scamander es el Alexander Humboldt del mundo mágico: un espíritu aventurero que ama el contacto con la naturaleza, los viajes, el descubrimiento y la contemplación de la fauna. Aunque no he tenido el privilegio de ver el filme, el guión cinematográfico de AF se ha visto en la obligación, indudablemente, de perfilar en Redmayne una tipología de héroe pocas veces vista en el género fantástico: el aventurero científico. No el clásico estereotipo de sabelotodo de bata blanca encerrado en su laboratorio, sino el enérgico trotamundos con una pasión inextinguible por lo que ama y cuya fascinación por el hallazgo de nuevos horizontes es inagotable. (Si vieron la peli, harán el favor de comentarme cómo ha sido la interpretación del personaje en la pantalla grande, si lo han percibido de esta forma.)

La segunda lectura de AF corresponde a la línea política. Acá estamos en una zona de tensión donde pueden discrepar o coincidir conmigo. A lo largo de las casi sesenta páginas se repite varias veces el término «muggle». Un señalamiento burdo, pero que nos indica que este texto dirigido a los magos tiene una función especial además de proveer conocimientos de magizoología a los estudiantes. Básicamente, la ciencia de Scamander no es una ciencia que se estanca dentro de las aulas, sino que lo que él busca también es prevenir situaciones de peligro tanto para las bestias como para magos y muggles. Entre párrafo y párrafo, e incluso en algunos pies de página, Newt señala algunos incidentes a lo largo de la historia que obligaron al Consejo de Magos –y, posteriormente, al Ministerio de Magia– a perfeccionar sus métodos de ocultamiento de criaturas y hasta a crear departamentos enteros destinados a funciones específicas. Hay constantes alusiones al tráfico de especies peligrosas y a contrabando de Bienes No Comerciables (huevos de dragón, por ejemplo). En AF, Scamander exhorta a la comunidad mágica a asumir una conciencia ecológica y a preservar las especies mágicas naturales como objetivo principal.

La actitud proteccionista de los magos respecto a los muggles es un indicador de cómo ellos nos ven a nosotros: Scamander, consciente o inconscientemente, subraya la jocosa incapacidad general de los seres humanos de comprender o controlar los fenómenos mágicos. Hay que tener en cuenta que la primera edición de la obra de Newt realizada por la editorial Obscurus data de 1927. Es decir, un año después de lo que ocurre en la adaptación cinematográfica. En el momento en que la saga de Harry Potter inicia, hay una postura mucho más conciliadora, tolerante e inclusiva con los no magos.

AF intercala una representación de los muggles como seres relativamente inofensivos que pueden sufrir las consecuencias de la negligencia de los magos si éstos no hacen algo para controlar a las bestias fantásticas más terribles del planeta. Esta visión socialmente comprometida de Scamander reverbera, en mayor o menor medida, en otras aristas de la saga: por ejemplo, con las excéntricas investigaciones del señor Weasley o incluso con la escena introductoria de El misterio del príncipe, que muestra a Fudge y Scrimgeour en el despacho del primer ministro de Reino Unido. La cuestión muggle nunca es menor en el mundo mágico. Ni a Newt se le escapa este detalle.

A pesar de ser una obra cortísima, AF retoma concepciones que se han estado formulando a lo largo de la saga, al menos hasta el cuarto libro. Las notas de Potter y Weasley citan concretamente criaturas que han aparecido tanto en La cámara secreta como en El cáliz de fuego. Scamander remite, además, a otras siete obras textuales del mundo mágico, explicitadas en sus respectivas notas al pie. A saber...


–Anónimo. Hocico peludo, corazón humano. Whizz Hard. 1975.
–Bagshot, Bathilda. Una historia de la magia. Little Red Books. 1947
–Egg, Mordicus. La filosofía de lo terrenal: por qué los muggles prefieren no saber. Dust & Mildewe. 1963.
–Pokeby, Gulliver. Por qué no morí cuando el augurey cantó. Little Red Books. 1824.
–Stalk, Blemhein. Muggles que se dan cuenta. 1972. (Editorial desconocida)
–Whisp, Kennilworhty. Quidditch a través de los tiempos. Whizz Hard. 1952.
–Wigworthy, Wilheim. Vida doméstica y costumbres sociales de los muggles británicos. Little Red Books. 1987.


A partir de esta biblioteca inaccesible para un muggle –por ahora, la obra de Whisp es la única de la lista en irrumpir en el mundo real–, Scamander sella los puntos ciegos que su breve tratado de magizoología no puede cubrir.


¡Y-esto-es-todo-por-hoy! Si han leído Animales fantásticos o si le echaron un vistazo a la peli, pueden comentarlo abajo. Gracias por leer y los espero en la próxima entrada.

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