lunes, 15 de mayo de 2017

FILBA/17: una tarde de sábado en diez instantáneas

I

Una blogger con la que me encontré en la Feria del Libro me respondió que el marco teórico no era necesario. Que los bloggers escribían reseñas porque les gustaban los libros que leían. Punto y aparte.
Me gustó mucho su opinión.
El problema es que yo sí necesito un marco teórico.
Si hubiera tenido tiempo, le hubiera explicado por qué pronuncié esas dos palabras en el stand en el que ella se encontraba.
Pero no lo tenía.
Sigo sin tenerlo.
Y se está acabando.


II

La única razón por la cual fui a la Charla de Booktubers este sábado fue para entender un poco más de dónde había surgido esa telaraña de canales y de jóvenes. (Miento: había otra razón, pero no se las pienso decir.)
Mientras hacía la fila para entrar a la Sala José Hernández, vi una libélula recortándose contra el lienzo azul del firmamento.
Un buen augurio de lo que estaba a punto de suceder.


III

La Sala tenía capacidad para 1.500 personas sentadas.
Yo fui el Nº 864.
Es curioso ver a un estudiante universitario del Conurbano con veintitrés primaveras encima en medio de un hilo de niñas y adolescentes que gritaban por la llegada del booktuber Sebas Mouret.
Me abrumaron dos sentimientos diferentes: el primero, la sensación de que estoy envejeciendo demasiado rápido como para entender a las nuevas generaciones que crecen en derredor mío; el segundo, que, en cierto modo, formaba parte de un hecho histórico. Recordaba las filmaciones en blanco y negro de los seguidores de los Beatles, por ejemplo. Las multitudes en torno a los ídolos juveniles de la década.
Para mí, pese a quien le pese y sin exagerar, los booktubers y los bloggers y los bookstagramers son un hecho histórico.
El problema es que no los tomamos lo suficientemente en serio como para escribir ensayos sobre ellos.


IV

Si tuviera que hacer una comparación acerca de lo que vi y viví en esa sala, elegiría la representación de una comedia romana. No lo digo en sentido peyorativo, sino todo lo contrario: vi a la masa juvenil viva en su esplendorosa virulencia. A los booktubers deslizándose en el escenario con su acompasada teatralidad al ritmo de una canción de Lady Gaga.
¿Les parece ridículo lo que les estoy contando? He oído a un hombre decir que ver las películas de Harry Potter incita a la brujería y al satanismo.
Eso sí que es ridículo.
Sofoco el trago amargo que me trepana la garganta y sigo...


V

Una pregunta insensata: ¿Cómo aparecieron los booktubers?
Una pregunta sensata: ¿Qué circunstancias posibilitaron el surgimiento de los booktubers?
Respuesta fácil: cámara, libros, Internet.
Respuesta difícil: la soledad.
La soledad es la condición natural y necesaria del lector. No de otro modo se disfruta la literatura.
Por eso nos impacta que el fenómeno de los booktubers haya movilizado a tantos lectores jóvenes.
Se supone que ellos, los otros, los raros, tendrían que estar encerrados en cuatro paredes, aislados del mundo.
Pregunta arriesgada: ¿quién los ha puesto en ese lugar?


VI

Bienvenidos a la Zona del Dolor.
No es un espacio geográfico.
Es un status quo culturalmente construido para todos aquellos que no aceptan ninguno de los estereotipos de individuo exitoso impuestos por el ambiente social.
En esa Zona, los padecientes lloran en los rincones, son víctimas de un hostigamiento sistematizado y sufren trastornos de diversa naturaleza.
La literatura es la puerta de salida de este Infierno que nosotros hemos construido.
Sí.
No puedo mirar hacia el otro lado.
Yo también soy cómplice.


VII

Hubo un momento en esa tarde que intenté sentir algo más allá del gozo.
¿Qué es lo que nos hace seguir a los booktubers?
¿Qué es lo que nos hace seguir a las celebridades en general?
¿Qué es lo que hace posible la existencia de ídolos?
¿Qué es lo que nos hace creer en los héroes o en los dioses?


VIII

Un detalle cómico: Natalia, de Tormenta Literaria, y Matías Gómez, hicieron una presentación con pelucas y bailes torcidos. Aludían constantemente a El Secreto, montando un sketch humorístico que no dejó de parecerme genial.
Sobre todo, porque para ser booktuber no hay secreto.
No hay secreto, pero hay Secreto.
(«Con mayúsculas», dijo Nati.)
Como la carta robada de Poe, el misterio está a la vista.
La receta es simple: libros + cámara + Internet.
Sencillo, ¿no?


IX

El problema es que nada es tan simple como parece.
Cuando alguien hace un truco de magia con naipes o monedas, somos perfectamente conscientes que el mago no tiene ninguna habilidad sobrenatural. Un mero movimiento de manos, estrategias para desviar la atención del espectador. Eso es todo.
Pero la magia no se agota allí.
Para que el truco funcione, tiene que haber alguien que lo haga y alguien que lo mire.
Y alguien que crea.
Esa capacidad de creer en la literatura más allá del umbral del dolor...
Eso es lo que me asombra.


X

Salí de la Sala después de tres horas y media de inmovilidad.
Luego, me fui.
En la salida, un violinista enhebraba una canción.
No saco fotos. Casi nunca lo hago.
Las imágenes me salen corridas u obscuras por alguna razón.
Soy un antiblogger más o menos decente, pero como fotógrafo soy un desastre.



EPÍLOGO

En Tu nombre está lleno de suerte, relato veridiquísimo a pesar de las licencias poéticas, anuncié mi intención y mi esperanza de que alguien escribiera en el futuro un libro acerca de los bloggers, los booktubers y los bookstagramers. Temo, naturalmente, el incumplimiento de esta profecía.

Si estos diez microrrelatos configuran acaso la semilla de esta vid inmensurable, sólo el Tejedor de Destinos lo sabrá.

Me abstengo de condimentar estos párrafos con las poquísimas fotografías que saqué en la Sala J. Hernández. La imaginación del lector, más rica en colores y percepciones, agregará a este texto las metáforas que faltan.


Además, soy un pésimo fotógrafo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario