domingo, 21 de mayo de 2017

Reseña: “La cautiva”, de Esteban Echeverría





“Mira este puñal sangriento
y saltará de contento
tu corazón orgulloso...”







     Si quieren leer una historia con un personaje femenino fuerte, La cautiva es la recomendación perfecta para el invierno venidero. María, puñal en medio de la pampa, está a la altura de las Katniss y las Tris que hoy en día muchos admiran.

     Por lo general, se ha visto en muchas ediciones que esta pieza poética está acompañada por un cuento escrito por el mismo autor: El matadero. De esta relato ya nos ocuparemos en otro momento, en una próxima reseña.

     Unas aclaraciones.

     Primero: La cautiva es un poema...

     Segundo: ...publicado en 1837...

     Tercero: ...escrita por un autor argentino.

     Uno, dos, tres. Hay una cuarta: la representación del «indio» como salvaje, un tópico de la época que no desarrollaré exhaustivamente, porque en el siglo XIX a nadie se le ocurría pensar que los nativos americanos también eran seres humanos. Hay que tener en cuenta que Argentina era una patria fresca que acababa de divorciarse de España; con las tropas realistas expulsadas, la Independencia recién firmada y un puñado de provincias intentando organizarse y desangrándose en medio de guerras civiles...

     Bueno, hacer literatura en este contexto no es fácil.

     Echeverría, sin embargo, lo logró.

     El argumento: un hombre y una mujer raptados por un grupo de indios.

     O sea, lo que habitualmente podríamos esperar en los relatos ambientados en la frontera. El cliché colonial del malón con lanzas, caballos y fusiles.

     ¿Qué fue lo que más me llamó la atención de La cautiva?

     Que María hace todo lo que está a su alcance para salvar a Brián, su amado, de la pampa y sus peligros. Inspirada por el amor más puro, hace todo lo posible para liberarlo y mantenerlo con vida.

     El héroe no es el hombre, sino la mujer.

     La cautiva, en su forma poética, con una métrica predominantemente octosilábica precisa y sencilla, se deja leer con facilidad. En líneas brevísimas Echeverría nos describe los amaneceres y atardeceres en la llanura pampeana, de una forma tan hermosa y fascinante que a veces olvidamos que a pesar de la belleza existe el horror en sus contornos.

     Otro aspecto interesante son los epígrafes y las citas que preceden a cada uno de los capítulos: referencias a Byron, Lamartine, Dante Alighieri, Víctor Hugo...

     Lo local se mezcla con lo universal, tanto formal como temáticamente; a pesar de las locaciones, el drama de los amantes que luchan contra el destino para estar juntos es una de las tramas más consagradas de la historia de la literatura. La pluma de Echeverría, sin abusar de los colores locales, ha demostrado estar a la altura de las circunstancias para presentar una obra que instauró el romanticismo en el Río de la Plata.

     La cautiva es una de las primeras joyas de la literatura argentina que seduce, atrapa y fascina, como el dorado sol que baña el horizonte de fuego y sangre. Pero la marca diferencial que la distingue de otras historias es que, en esta ocasión, es la mujer la que sostiene el puñal de su destino.

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