lunes, 30 de enero de 2017

La voz de las que mueren: acerca de “El incidente...”

Una chica me hizo recordar un poema que escribí acerca de algo que pudo haber sido un crimen. Publiqué El incidente del Boulevard Perón a las 6:30 a.m. como una reacción a una publicación de Facebook, mientras escuchaba jazz con auriculares.

Hay quienes persisten en conservar una oposición tajante entre los medios masivos de comunicación y la escritura poética.

Pulsaciones, de J. Ruescas y F. Miralles, se sostiene en el artificio de los mensajes de textos. Es una de las obras más significativas de la literatura juvenil contemporánea. Un ejemplo fresco de cómo la literatura pone en crisis esa distancia ilusoria entre la máquina y el arte. Una representación de la mediación de las nuevas tecnologías en las relaciones humanas; el eje narrativo es la pérdida de la memoria y la promesa de una historia de amor.

Yo fui un poquito más allá. Arrancar una frase del muro de alguien, comerla con rabia y vomitar una protesta en verso. Tomar agua del río, y escupirla en el río, y ver cómo se forman burbujas inútiles en la superficie podrida de lo real. El incidente… es deliberadamente social, un síntoma del #NiUnaMenos, un miligramo de feminismo en la sangre de alguien que cree no serlo, que descree de las banderas políticas y de la política misma.

Las mujeres no mueren por su ideología o su religión. Dentro de la ecuación del asesino, ser mujer es condición suficiente para ser golpeada, violada y asesinada.


El Incidente me recuerda eso. El miedo de las que caminan en la calle sin saber si acaso volverán y nuestra vergonzosa condición de cómplices al enmudecer la voz de las que mueren.

jueves, 26 de enero de 2017

Notas al margen de un ejemplar de una novela de Arlt

El juguete rabioso, de Roberto Arlt. (1926)


• Capítulo I – Los ladrones: iniciación de Astier en la literatura bandoleresca y en la delincuencia juvenil; referencias a la novela de aventuras -especialmente la literatura francesa- y manuales científicos (véase el concepto de saberes técnicos en Sarlo). El asalto a la biblioteca como forma de acceso delictivo a la literatura. (Ver Piglia en Crítica y ficción - Sobre Roberto Arlt) Fijarse en la cita del fragmento de Baudelaire y la mención del nombre de Eleonora (¿referencia a Poe?).


• Capítulo II – Los trabajos y los días: alusión a la obra homónima de Hesíodo, quien propone en su poema que el trabajo es el destino de los hombres, mientras que ataca la ociosidad y la usura; irónicamente, estos dos tópicos son los que proliferan en este capítulo. Asimismo, el escenario de algunos de los conflictos relatados transcurre en la librería de Don Gaetano. En este capítulo Astier describe su transición de la esfera del crimen a la esfera del trabajo, que en vez de proporcionarle beneficios le trae problemas. Otra de las características del capítulo son las reflexiones acerca del amor, el sexo y la soledad del personaje (la escena clave que condensa esta tensión es ‘un beso de propina’ dado por una cliente de la librería).


• Capítulo III – El juguete rabioso: este capítulo puede dividirse en dos partes ---> 1. El intento de Astier de ingresar a la Escuela Militar de Aviación demostrando sus saberes técnicos (nuevamente, Sarlo) 2. La escena de la pensión con el muchacho desconocido, el proyecto fallido de viajar a Europa y el intento de suicidio de Astier. // Si el primer capítulo se enfoca en el crimen, y el segundo en el trabajo, el tercero narra la imposibilidad de ascender de categoría social. (Arlt podría ser considerado un anti-Dickens, en el sentido de que la idea de progreso es totalmente abolida en sus novelas.) Algo que me llamó la atención es que en este capítulo se desbaratan dos recursos literarios clásicos de la novela de aventuras -o de la literatura burguesa que Arlt desdeñaba-: A) El viaje del héroe y B) La muerte trágica del protagonista. (Es probable que me equivoque en este punto, pero a lo mejor te proporcione algunas ideas.)



• Capítulo IV – Judas Iscariote: LA NOTA CONTIENE ALGUNAS OBSERVACIONES ACERCA DE LA TRAICIÓN Y LA REDENCIÓN COMO TEMA DOMINANTE DEL CAPÍTULO, ADEMÁS DE MENCIONES A NIETZSCHE Y DARWIN.

jueves, 19 de enero de 2017

Efímeras digresiones de un reseñista arrepentido

Hay una reseña de la cual quiero arrepentirme, pero no del todo; me refiero al lapidario juicio emitido a Saer por la escritura de Nadie nada nunca. Mi afán por forzar una escritura bajo el imperio de las categorías juveniles contemporáneas echó a perder lo que pudo haber sido una buena reseña. El aburrimiento que me produjo el libro es, no obstante, auténtico, pero es menester contraponer al peso de las impresiones un análisis riguroso.

De este acto de expiación se desprende, inminente, una reflexión acerca de las condiciones actuales de lectura de la literatura nacional. He defendido en reiteradas oportunidades la libertad de leer. Mi posición contra lo que Meli Corbetto denominó bullying intelectual, fenómeno que yo rebauticé como racismo literario, es intransigente. En todo caso, lo que un blogger debe juzgar es la estructura del relato, la calidad, el contenido...

Algo que los chacales periodísticos reprocharon a los bloggers es la falta de objetividad a favor del factor emotivo. «Lo que el libro me hizo sentir». Estimo las acusaciones –yo soy un escritor de sangre fría–, pero quiero subrayar que la objetividad absoluta es imposible. El gesto de los bloggers al incorporar una hipersubjetividad a la reseña me parece un gesto con efectos sorprendentes, pero pocos son los que verdaderamente alcanzan un equilibrio entre originalidad de estilo y precisión discursiva.

La ya mencionada Corbetto, toda una Mark Twain de la blogósfera argentina, que trae su propio humorismo angélico a través de reseñas que por su alto grado de sinceridad pueden llegar a ser deleitablemente caústicas; o Mica, de Fragile Dreams, que interpela a sus seguidores con una muletilla clásica («humanillos») y distintiva de una escritura personalísima y abierta.

Lamento la digresión. Prosigo.

Reivindicar a Saer en mi sistema literario personal después de haberlo denostado será una de mis obligaciones inmediatas. Reescribir la reseña de Nadie nada nunca me parece menos eficiente que publicar, en las tardes venideras, un artículo de un libro que sí me ha gustado: Glosa.

Sarlo refirió que leer Glosa después de Nadie nada nunca modifica sustancialmente lo que uno leyó en el primer libro. Resumo: en Nadie nada nunca se describe una serie de crímenes perpetrada por un asesino de caballos; el pavor general obliga al Ladeado a ceder a su corcel amarillo bajo los cuidados del Gato Garay, guarecido en una casita insular.

En Glosa hay una referencia a Nadie nada nunca que modifica enteramente lo que se ha leído. Expresar la naturaleza de dicha referencia atenta contra el pacto de silencio que me he autoimpuesto. Los lectores tendrán que arriesgarse por su cuenta: léase Nadie nada nunca y Glosa en ése orden. O el efecto sorpresa se echará a perder.

Mi dificultad para escribir artículos impresionantes es notoria; coartado por la fugacidad del tiempo y el advenimiento de los exámenes, me limito a publicar comentarios de lo que he escrito, a arrepentirme de mis obras anteriores. Espero mis lectores, los que me bancan, excusen este acartonamiento de estilo, esta reducción de mi escritura…


La literatura pone en evidencia
las ilusiones del tiempo y el espacio,
subraya su cualidad subjetiva,
nos dice que su materia es el recuerdo.

Beatriz Sarlo, “La condición mortal”.
Escritos sobre literatura argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.

lunes, 16 de enero de 2017

“¡Tinta fresca!”, gritó el chacal: ¿plataforma propagandística o nueva forma de hacer arte?

Desde el principio contemplé al blog como una forma artística que no se limita a la fabricación de reseñas. En mi blogoscopio registro mis páginas predilectas: evito incurrir en el fácil pecado de la enumeración, para no angustiar al lector.

Paradójicamente, los guardianes del universo literario contemporáneo parecen renegar de la blogósfera: rememoro cierta controversia suscitada por un periodista serio que categorizó a los bloggers, booktubers y bookstagramers como púberes. Lo que prometía ser un artículo informativo degeneró en un texto empobrecedor y olvidable.

Nuestra obligación como agentes de comunicación es construir vías de acceso entre la cultura y el hombre. Lo que la crítica no soporta es que la blogósfera argentina sea perfectamente funcional a la literatura juvenil, a los novelistas contemporáneos, a lo que los analistas del sistema capitalista denominan cultura de masas. Incluso algunos se enfadan si uno entresaca la vieja polémica entre literatura y mercado. Yo no traigo ínfulas de hipster underground: no es un crimen promocionar un libro como artículo de consumo, porque «es» un artículo de consumo.

Lo que me horroriza, tal vez, es llegar a contraer la lógica de la cajita feliz: consumir cuarenta libros en una semana sin que ninguno marque un antes y un después en mi visión de mundo.

La blogósfera como «plataforma propagandística» merece análisis más exhaustivos que yo no estoy dispuesto a realizar. No obstante, yo ya metí el dedo en el barril de sangre; no puedo salir con las manos limpias del laberinto. Mi posición pro-blogger no implica negar las relaciones existentes entre literatura y dinero, entre arte y publicidad, entre moda y cultura, así como tampoco negar las limitaciones del formato. Restringir esta problemática a la literatura juvenil es llevarse un cartucho de dinamita a la boca con la mecha encendida. Lo de «leer por moda» no es un problema nuevo. ¿«La literatura como espectáculo»? Me lo presentan como un concepto novedoso, polémico, pero me río. Fíjense, caballeros: Fogwill, escritor argentino fallecido hace unos años, publicó Los pichiciegos en el 1982, en el transcurso de la Guerra de Malvinas. Al tipo no le temblaba el pulso al mencionar marcas de artículos de consumo en sus historias. Operación semejante a la que hizo –y sigue haciendo– Stephen King desde... bueno, digamos... Carrie.

Definir un blog como un mero tendero digital de novedades editoriales es quedarnos cortos y subestimar a nuestro objeto de estudio. Detrás de una página web o un canal de YouTube o una cuenta de Instagram existe un contexto socialhistóricopolíticoeconómicocultural que posibilita y avala el desarrollo de este género discursivo. Comparar la reseña de un booktuber con una pieza de crítica literaria y extraviarnos en un inútil juego de similitudes y diferencias es ignorar las verdaderas riquezas, limitaciones y posibilidades del formato.

Uno de los retos más desafiantes de todo blogger es comprender los límites del género. Muchos de los que se subieron a la nueva ola de lectores en los últimos años terminaron descendiendo de los caballos de batalla a mitad del combate, abandonando el arte de la reseña por tal o cual motivo. Acá surge, adrede, la pregunta: ¿Por qué reseñar?

Prosigo: cuando reseño a Fogwill, a King, a Collins, a Córtazar, a Wells... ¿qué estoy reseñando? ¿Qué estoy haciendo con mi blog? ¿Recomendar, promocionar, elogiar, reprobar, analizar, desahogarme, huir de la realidad, reflexionar sobre ella o deconstruirla posicionando a la literatura como punto de partida? Yo hago de todo un poco. Opiniones marginales es un ejemplo de todo lo que no debe hacer un blogger. A mí me gusta jugar a ser antiblogger, abstenerme de las formalidades establecidas por el juego de valores imperantes, no sucumbir a los encantamientos de los book hauls, book tags y desafíos de lectura que sé que no voy a poder cumplir. Porque soy un lector «chapado a la antigua», como los detectives de policial negro. Porque echo mano de un léxico académico, rebuscado, poético, innecesariamente complicado. Me gusta embarrarme la cancha y lanzarme a ella, hundirme hasta las orejas con mis propias palabras. Escribir es jugar con el lenguaje y mantener al niño interior vivo a través de este juego. Los bloggers hacen exactamente lo mismo; sus formas expresivas son distintas, y los efectos son otros.

Sus detractores no les perdonan eso: que sean jóvenes. Que el Martín Fierro y Jorge Luis Borges no configuren el centro de nuestras bibliotecas. Que prefieran a Katniss Everdeen y no a Emma Zunz o Marta Riquelme (¡cuentazo de Martínez Estrada, si me lo preguntan!). Pero los jóvenes leen lo que tienen a mano, lo que está dentro de sus posibilidades. Si alguien está acostumbrado a las novelas distópicas o a los libros de Paulo Coelho, no le puedo reventar la cabeza con el Ulises de Joyce o el Adán Buenosayres de Marechal. ¡Qué crueldad inadmisible! No, señores. En el juego de la literatura, el jugador es libre de elegir qué es lo que quiere leer.

–Si leemos es porque leemos, si no leemos es porque no leemos... No importa lo que hagamos, siempre nos van a criticar porque somos jóvenes –oí decir a alguien, el año pasado, en la FantastiCon 2016.

Como si leer fuera un pecado.

Nos enseñaron a leer palabras cuando necesitábamos aprender como leer el mundo. Nos enseñaron que el arte no sale del museo, pero la vida entera es una obra de arte. Los que reniegan de los best-sellers son los mismos que se inyectan música pop, largometrajes hollywoodenses y series de televisión. Los chacales que se reparten la túnica de nuestros blogs muertos no nos han proporcionado las herramientas necesarias para producir lo que ellos esperaban que produzcamos. Nos han dado una definición de literatura, cuando en realidad necesitábamos una visión de literatura.

Que la blogósfera experimente oscilaciones, sequías y renacimientos, no me sorprende. Que nadie se haya puesto a analizar con la debida meticulosidad los virtuosos engranajes que constituyen una reseña… eso sí me deja pasmado.

Hasta ahora, que yo sepa, nadie ha alzado la voz para proclamar al blog como una nueva forma de hacer arte. Aún aguardo, aunque no sin una cuota de afable impaciencia, la llegada de un boom, un cambio de paradigma, un reordenamiento estético, un grupo literario, una nueva escuela que muerda la manzana de la discordia e instale nuevas discusiones en los auditorios y círculos de lectura.

Andy Warhol con sus serigrafías, Dalí con la escafandra, Duchamp con su mingitorio. Tres artistas que posicionaron al arte en una zona de conflicto. Si la blogósfera está en crisis, acentuémosla, cuestionemos las categorías imperantes, reformulemos nuestros modos de leer la literatura y el mundo. Mi llamado, probablemente, sea ignorado; la posibilidad de que nos estanquemos en formas de expresividad ya agotadas es altísima; multiplicaremos columnas de reseñas de los mismos libros con las mismas opiniones, nos atiborraremos de novedades hasta la garganta… ¿Y luego qué? El placer de la lectura degenerará en un hábito mecánico, automático, vacío.


Y entonces, los chacales habrán ganado.

La situación actual
de nuestra literatura
plantea nuevos problemas
y destaca nuevos hechos.

Boris Eichembaum,
El ambiente social de la literatura (1927)

jueves, 12 de enero de 2017

0: Epílogo

No a pocos lectores asombrarán estas palabras, que, tras el pronunciamiento de mi retiro oficial de la blogósfera, no debieran figurar aquí. No describiré las circunstancias que me impelen a recuperar el incurable hábito de la escritura. Los últimos artículos que escribí en torno al «cierre definitivo del blog» rezuman una atmósfera lapidaria de la cual me arrepiento; he operado, lo confieso, con grandilocuencia y vanidad. Agradezco profundamente a quienes se han tomado la molestia de comentarlos; lamento que hayan malgastado su tiempo elogiando un espacio que acabé despreciando.

No escribo en las condiciones más óptimas. Lo reconozco. La urgencia de los exámenes de febrero, la realización de una novela que tal vez no publique nunca, los hábitos que configuran la estructura de mi vida cotidiana, las temperaturas soporíferas del estío, mi propia inestabilidad emocional encerrada tras los umbrales de una personalidad hermética, atentan contra la promesa de un retorno seguro. Shasmine Cianne, en Soñando hasta Saturno, ha denunciado el período de decadencia que los blogs atraviesan; yo, ajeno a esta sequía en las páginas de reseñas de literatura juvenil, exhibo mi propia escritura, exonerado de los límites de los book hauls y los desafíos de lectura. En contraste, en los últimos meses, he podido comprobar que la producción de reseñas crece a un ritmo trepidante. Empero, poquísimos blogs ameritan mi predilección. El de Shasmine es uno de ellos.

No he venido para traer paz ni guerra a esta tierra de gigantes. Mi estilo antinatural no cuadra con el género de las reseñas juveniles, pero tampoco puede competir con la erudición de los críticos literarios ni con la pluma de los intelectuales. Acepto, de buena gana, mi destino. Ser marginal en un medio marginal, un poeta menor en una literatura menor.



Cuando se tiene algo que decir,
se escribe en cualquier parte.
Sobre una bobina de papel
o en un cuarto infernal.

Roberto Arlt.
Prólogo a Los lanzallamas (1931)
Cada opinión, marginal o no, es un granito de arena en este lugar; contesto preguntas y devuelvo comentarios. ¡Gracias por leer!